Montserrat Cerqueda Serrando, decana del Colegio de Graduados Sociales de Barcelona, Girona y Lleida, reflexiona sobre su profesión, el papel del Colegio en la defensa de los derechos laborales y la contribución a la reforma de las políticas laborales
¿Cuál es el origen del Colegio de Graduados Sociales?
Los estudios de graduado social surgieron en 1925 a raíz de un Real Decreto que reconocía la necesidad social de regular las relaciones entre empresas y trabajadores. Un año antes, en 1924, el ministro de Trabajo Eduardo Aunós impulsó esta iniciativa y se aprobó la constitución de los estudios correspondientes.
No fue hasta 1956 cuando se creó el Colegio de Cataluña y Baleares. Hace 51 años, los colegios de Tarragona y de las Islas Baleares se separaron y crearon sus propios colegios. Así, el colegio original quedó formado por los colegios de Barcelona, Girona y Lleida. Estos, junto con Tarragona, forman el Consell de Col·legis de Graduats Socials de Catalunya, necesario para coordinar la profesión cuando hay más de un colegio en una comunidad autónoma.
¿Cómo describiría la profesión de graduado/a social a alguien que no la conoce?
Somos una de las tres profesiones jurídicas del Estado español, junto con los abogados y los procuradores. Somos los únicos estudios universitarios de grado específicos en derecho del trabajo y seguridad social. Esto significa que, mientras otros profesionales del derecho estudian un grado transversal que incluye derecho laboral, mercantil, civil, de familia y penal, el graduado social cursa un grado de cuatro años centrado exclusivamente en derecho del trabajo y seguridad social. No existe ninguna otra rama del derecho con un estudio tan específico.
Nuestro trabajo consiste en acompañar jurídicamente a las personas a lo largo de toda su vida, desde el nacimiento hasta el fallecimiento. Esto incluye tramitar prestaciones de maternidad y paternidad para los padres cuando nace un hijo, así como gestionar el primer número de afiliación a la Seguridad Social para realizar prácticas o iniciar la vida laboral. En resumen, acompañamos a los trabajadores durante toda su trayectoria laboral y vital.
¿Qué papel juega el colegio en la defensa de los derechos laborales y sociales?
Nuestro papel es trasladar a todos los agentes sociales las necesidades tanto de las personas trabajadoras como de las empresas. Por un lado, defendemos que las personas trabajadoras tengan una buena conciliación de la vida laboral y familiar. Por otro lado, explicamos a las empresas qué necesitan los trabajadores para ser productivos, mantener los puestos de trabajo y permitir que la empresa crezca.
Este equilibrio es complejo, ya que empresas y personas trabajadoras se necesitan mutuamente, pero a menudo tienen intereses contrapuestos. Las empresas necesitan a los trabajadores para funcionar, y los trabajadores dependen de las empresas para obtener un salario. A la vez, el trabajador busca rendimiento con el mínimo esfuerzo, mientras que el empresario quiere el máximo rendimiento para obtener beneficios.
Desde el Colegio, intentamos poner en valor las ventajas de este equilibrio: si las empresas ofrecen mejores condiciones, los trabajadores serán más productivos; y si los trabajadores son más rentables, tendrán más margen para solicitar mejoras a la empresa.
¿Cómo describiría la relación del Colegio con Pimec a lo largo de los años y qué tipo de apoyo o colaboración mantienen actualmente como socio colectivo?
Siento a Pimec muy cercana a nuestro colectivo. Varios colegiados forman parte de la entidad, como el secretario general, Josep Ginesta, que también es graduado social. Hay una gran sensibilidad por parte de Pimec, especialmente de Pimec Autónomos, donde nos sentimos completamente representados. El Colegio participa en la Comisión de Autónomos de Pimec, desde donde reivindicamos conjuntamente los derechos de este colectivo.
Personalmente, valoro mucho esta relación próxima y colaborativa. Siempre que hemos trabajado conjuntamente, ha sido una experiencia excelente. Este centenario ha sido una gran oportunidad para reforzarla y dar más visibilidad a nuestro colegio, y quiero expresar un sincero agradecimiento a Pimec por su apoyo y cercanía.
¿Cómo contribuyen los graduados y graduadas sociales a la mejora de las relaciones laborales dentro de las empresas?
Una parte muy importante de nuestro trabajo está relacionada con recursos humanos. Podemos actuar como asesores externos o estar integrados dentro del departamento de la empresa. Yo personalmente asocio mucho esta tarea con la mediación: solemos pensar en la mediación solo cuando ya hay un conflicto, pero desde el Colegio intentamos transmitir que si las empresas incorporaran la mediación desde el primer momento en que se detecta el inicio del desacuerdo, los conflictos no escalarían y esto ayudaría a reducir el absentismo.
Muchas veces, un conflicto laboral genera una situación estresante que puede llevar a un trabajador a una baja. Esto perjudica tanto la salud del trabajador como la relación con la empresa, y también afecta al funcionamiento de la empresa.
Históricamente, nuestra profesión se ha visto más como gestión de nóminas, altas, bajas y contratos, pero creemos que debemos poner más énfasis en nuestro papel de asesoramiento y apoyo. Somos profesionales que contribuimos al bienestar y a unas mejores relaciones laborales dentro de la organización.
¿Cuál es la implicación del colegio en la reforma o mejora de las políticas laborales?
Nuestro colegio tiene un papel activo tanto en Cataluña como a nivel estatal. Yo misma empecé como delegada en Lleida siendo vocal de la junta de Barcelona durante 12 años, hasta convertirme en decana. Desde este cargo he trabajado para hacer llegar la voz del Colegio hasta Madrid, donde se debaten muchas de las normas laborales que nos afectan, y participamos en una comisión estatal tanto en la Tesorería General de la Seguridad Social como en el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que nos permite exponer de primera mano las situaciones reales que viven empresas y trabajadores antes de que se implementen nuevos requisitos o normas.
Gran parte de nuestro trabajo se traslada al “Consejo de Graduados Sociales de Madrid”, donde se ha conseguido que nos escuchen y que las normas se puedan aplicar de manera más realista y efectiva.
¿Qué representa este centenario para usted, como decana, y para la comunidad de graduados y graduadas sociales?
Como decana, es un verdadero placer poder participar activamente y aprovechar las nuevas tecnologías para dar visibilidad a nuestra profesión, de manera que cada vez haya menos necesidad de explicar quiénes somos y qué hacemos, algo que históricamente siempre ha sido complicado.
Para mí, este centenario es una oportunidad única para mostrar al mundo nuestra profesión centenaria. Para la comunidad de graduados y graduadas sociales, y también para mí, significa tomar conciencia de que tenemos una profesión jurídica consolidada y que hemos ido fortaleciendo a lo largo de los años.
Este año, lo hemos vivido de manera especialmente significativa, ya que, dando visibilidad a la profesión en toda España con los 43 colegios del país, hemos conseguido que las administraciones se interesen más y nos presten más atención.
¿Qué mensaje querría dar a los jóvenes que se plantean dedicarse a esta profesión?
Les diría que es una profesión muy viva, que te mantiene cerca de las personas y que requiere constancia y dedicación, ya que es necesario estar en formación permanente ante los constantes cambios. Aunque es una profesión jurídica, tiene una fuerte vertiente social y de ayuda, porque acompaña a las personas en momentos delicados, transmitiendo empatía y apoyo, como tramitar una pensión de viudedad o ayudar a una familia a conseguir una maternidad o paternidad.
Por eso, es una profesión muy vinculada a las emociones, donde, más allá de la retribución económica, recibes una gran recompensa emocional por acompañar y ayudar a las personas.
¿Cómo imagina el futuro del Colegio en los próximos años?
Veo el futuro del Colegio brillante, porque nuestra profesión es cada vez más conocida y valorada, tanto por las administraciones como por la ciudadanía. Sin embargo, el futuro dependerá del compromiso de los jóvenes profesionales, que deben reconocer la importancia de estar colegiados. El Colegio mantiene una relación estrecha con las universidades catalanas, ofreciendo acompañamiento y recursos a los futuros graduados para facilitar su incorporación al mundo laboral.
Vivimos en un momento en que tanto trabajadores como autónomos necesitan asesoramiento laboral constante, lo que hace que nuestra tarea sea cada vez más esencial. Ahora bien, si los profesionales veteranos se jubilan sin relevo generacional, será más difícil mantener esta red viva.
Por ello, quiero insistir en las virtudes de formar parte del Colegio: no como un acto de corporativismo, sino como una red de apoyo profesional y personal que acompaña y refuerza a todos los colegiados a lo largo de su trayectoria.
Natàlia Balart, técnica de comunicación de Pimec

