El catalán, un activo estratégico para el comercio de proximidad

En un contexto de transformación digital, competencia global y cambio de hábitos de consumo, el comercio de proximidad afronta retos estructurales que van más allá de la rentabilidad. La identidad, la confianza y la vinculación con la clientela se han convertido en factores clave de competitividad. Y en este terreno, la lengua catalana no es sólo una cuestión cultural: es una herramienta estratégica.

Así lo pone de manifiesto el estudio “El uso habitual del catalán en las pymes. Especial sector servicios”, elaborado por el Observatorio de la Pyme de Cataluña a partir de 462 respuestas empresariales. Los datos muestran que el catalán sigue siendo la lengua mayoritaria en la relación con la clientela, especialmente en el sector servicios -donde se incluye el comercio-, pero también evidencian tendencias que invitan a reforzar su impulso.

Según los resultados del estudio, el catalán es la lengua mayoritaria en la relación con la clientela. En el conjunto de Cataluña, un 18,4% de las empresas se dirigen siempre en catalán y un 47,2% lo hacen habitualmente, aunque se adapten si es necesario.

La lengua no es neutra en la relación comercial. El 70,2% de las empresas consideran que utilizar el catalán aporta proximidad y mejora la relación con la clientela, y un 29,4% ven en él un elemento de diferenciación y valor de marca. Para el comercio, esto se traduce en posicionamiento. En un mercado saturado de ofertas homogéneas, el factor identitario puede marcar la diferencia. La lengua contribuye a construir una marca arraigada, coherente con el territorio y conectada con su entorno social.

También en el ámbito digital el catalán mantiene una presencia significativa: tres de cada cuatro empresas tienen la web en esta lengua. Sin embargo, la comparativa temporal muestra una cierta tendencia a la baja en algunos usos y un incremento de la adaptación lingüística según el cliente, lo que plantea el reto de consolidar el catalán como lengua inicial y habitual.

Casos de éxito en el comercio

La tienda DRACS, de Granollers, es un ejemplo claro del fomento de la lengua catalana en el sector del comercio. El negocio ofrece principalmente productos textiles, especialmente jerseys, a través de su marca Iaios. Su gerente, Amadeu Barbany, explica que el 90% de las interacciones que tienen en el día a día son en catalán. Y no sólo se refiere a la atención a los clientes y proveedores, sino también a los productos, los tickets de caja, la comunicación en digital y la cartelería que tienen en la tienda. “El comercio es básico y troncal en cuanto a la socialización y el máximo exponente cultural de un país es la lengua, por lo tanto, tenemos que hacer militancia en atender, hablar y compartir en catalán”, expresa Barbany, quien también opina que “la lengua catalana tiene carisma y da prestigio a un comercio”.

Forn y Pastisseria Prat es un negocio local de 3ª generación ubicado en Mollet y que proporciona a sus personas trabajadoras formación para que aprendan y mejoren el uso de la lengua catalana. “Tenemos personas en el horno que no han nacido en Cataluña y ponemos a disposición clases de catalán para que pierdan el miedo y se lancen a la piscina a la hora de atender en catalán”, manifiesta la Queralt Dolcet. Desde este comercio vallesano ponen en valor la necesidad de que el catalán “sea la lengua de referencia en el sector, mentalizando a los comerciantes que son una herramienta muy importante para difundir la lengua a toda la población”.

 

Por su parte, Laia Valls, propietaria de la carnicería Can Valls d’Argentona, afirma que “el buen uso de la lengua catalana nos beneficia a todos porque es la identidad de nuestra cultura y debemos preservarlo”. En este sentido, destaca que el fomento de la lengua catalana es una herramienta de cohesión “entre la gente que viene a comprar y las personas que estamos detrás del mostrador, que tenemos la responsabilidad de preservar la lengua”. Laia Valls también explica que el comercio y el oficio contribuye a mantener vivo el catalán, “alimentando lo que se está perdiendo y siendo conscientes de que, para que la lengua no se pierda, debemos utilizarla lo máximo posible”.

Cada vez es más habitual encontrar establecimientos impulsados por personas recién llegadas que han decidido emprender y desarrollar su proyecto empresarial en nuestro país. Esta nueva realidad enriquece el tejido comercial, aporta diversidad y dinamiza la economía local, a la vez que plantea nuevos retos y oportunidades en ámbitos como la integración, la convivencia y también el uso de la lengua en la atención a la clientela.

Mansoor Ahmed, gerente de Tito Fresh Fruit, nació en Pakistán y lleva 25 años viviendo en Barcelona. Su padre, en 1999, fundó una frutería y él ha continuado su legado. “Para mí la lengua catalana es muy importante y las personas que venimos de fuera tenemos que dar ejemplo cuidando la cultura del lugar que nos acoge”, explica el comerciante. Ahmed afirma que habla catalán en su día a día, con su personal, la clientela y los proveedores, y destaca que “la cultura y la lengua catalana está muy presente en la tienda porque creo que el comercio es un sector que influye enormemente en los hábitos lingüísticos de un barrio y, eso, lo tenemos que cuidar”.

Para el sector del comercio, impulsar el catalán no es sólo una cuestión de cumplimiento normativo o de responsabilidad social. Es apostar por la proximidad, la diferenciación y la fidelización. En definitiva, es reforzar un modelo de comercio arraigado en el territorio y conectado con su comunidad.

En un momento en que la competencia es global, la identidad local puede ser la mejor ventaja competitiva. Y en este terreno, la lengua tiene mucho que decir.

Natalia Guerrero, departamento de comunicación de Pimec

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