El 2026 no apunta a una recesión, pero tampoco será un año tranquilo. Las previsiones indican que la economía seguirá creciendo, y que España y Cataluña lo harán por encima de la media europea. Ahora bien, este crecimiento convivirá con un nivel de incertidumbre elevado que afecta directamente a la confianza y a la capacidad de planificación de las pymes.
La inestabilidad geopolítica, las tensiones comerciales y el uso creciente del comercio y de la tecnología como instrumentos de presión internacional forman parte del nuevo escenario económico. Esto genera volatilidad, complica las decisiones de inversión y tensiona las cadenas de suministro. En un contexto así, las empresas necesitan más previsibilidad para poder crecer con seguridad.
A pesar de este entorno complejo, la economía catalana mantiene un crecimiento moderado, sostenido principalmente por la demanda interna y el buen comportamiento del mercado laboral. Pero la realidad no es igual para todos. Las empresas medianas afrontan 2026 con perspectivas relativamente positivas, mientras que muchas microempresas continúan más expuestas a la debilidad de la demanda, a las tensiones de tesorería y a la presión sobre los márgenes.
La inversión y la creación de empleo avanzan, pero de manera desigual. Las empresas con más dimensión son las que muestran más capacidad para invertir en activos productivos y ampliar plantilla. Esta diferencia puede frenar la modernización del conjunto del tejido empresarial si no se crean las condiciones para que todas las pymes puedan dar el paso.
La financiación sigue siendo un elemento clave. A pesar de una cierta estabilidad, una parte significativa de las pymes no percibe mejoras claras en el acceso al crédito. A esto se suma el aumento de los costes de los proveedores y la dificultad de trasladarlos íntegramente a los precios finales, lo que mantiene la presión sobre los márgenes.
Al mismo tiempo, la digitalización y la inteligencia artificial avanzan con fuerza. Cada vez más empresas apuestan por ganar eficiencia y competitividad. Pero la adopción es desigual, y hay que reforzar la capacitación y el acompañamiento para que ninguna empresa quede atrás.
En 2026 exigirá prudencia, pero también determinación. Es necesario un entorno regulatorio, fiscal y financiero que facilite el crecimiento empresarial, reduzca trabas y permita a las pymes ganar dimensión, productividad y resiliencia. Sin pymes más fuertes, no habrá un crecimiento sólido y sostenible.
Oriol Amat, presidente del Observatorio de la Pyme de Cataluña

