“No olvidéis nunca que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen. Estos derechos nunca son adquiridos. Tendréis que permanecer alerta durante toda vuestra vida.”
Simone de Beauvoir, El segundo sexo, 1949.
Retomo la misma cita de Simone de Beauvoir que encabezaba el artículo que, hace cuatro años, escribía para el 8M, lamentando su vigencia.
Lo cierto es que me faltan las palabras. En este momento histórico en el que las certezas ya hace tiempo que han saltado por los aires, y auténticos bullies al frente de gobiernos poderosos obvian el orden internacional, las instituciones y las normas democráticas que tanto nos había costado construir juntos observamos, como siempre, que las diferentes crisis que nos rodean impactan gravísimamente en mujeres, niñas y niños mientras se les da escaso – si no nulo – margen para participar en las decisiones que les afectan.
Permanecemos vigilantes, mientras resuenan con demasiada fuerza todavía los titulares aberrantes que se han ido sucediendo últimamente. Se hace imposible no conectar las bombas tiradas sobre Teherán con las peligrosas derives que los archivos Epstein recientemente desclasificados (parcialmente – de forma intencionada-, también) tienen para los poderosos. Bombas que generan el humo que tapa el vomitivo funcionamiento de determinados engranajes de poder, cómplices del más miserable de los abusos.
En este contexto, desde la Comisión Mujer y Empresa nos hemos propuesto trabajar para fomentar el liderazgo consciente en las pymes, que es nuestro entorno de acción inmediato, convencidas de que generar modelos empresariales sanos que prioricen la toma de decisiones desde la escuela activa, la mirada holística y la participación de todos es la vía para generar empresas sólidas, productivas y rentables que sean a la vez modelo del tipo de funcionamiento que ambicionamos para la sociedad en la que nos insertamos y las instituciones que nos gobiernan.
Seguramente es un trabajo a medio y largo plazo, pero estamos determinadas a llevarla a cabo. Porque la sociedad que queremos se construye haciendo las apuestas necesarias, las quedonan de sentido al sistema y que muestran a todos que somos muchas más las personas que aplicamos la justicia, queremos la paz, trabajamos desde el espíritu constructivo, y dotemos a nuestro trabajo de sentido y propósito, que el resto. Y que no estamos solas, que nos acompañamos, y que, juntas, permanecemos vigilantes.
Déjenme acabar con Eleanor Roosevelt, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que redactó e impulsó la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, la síntesis del mínimo denominador común de la Humanidad, base y garantía de un mundo sin guerras, con progreso y armonía social.
Eleanor Roosevelt decía que “no basta con hablar de paz; hay que creer. Y no basta con creer, hay que trabajar para conseguirla”. Nos decía, también, que los Derechos Humanos están en todas partes, “en lugares pequeños, cerca de casa. Tan cercanos y pequeños que no pueden localizarse en ningún mapamundi: el entorno de cada persona, el barrio en el que vive, la escuela o la universidad a la que asiste; la granja, la fábrica o la oficina donde trabaja”. “Estos son los lugares donde todo hombre, mujer o niño buscan igual justicia, igual oportunidad, igual dignidad, sin discriminaciones”.
Sé que somos todas aliadas en esta tarea, sé que sentimos el llamamiento, sé que nos reconocemos y nos tenemos, las unas a las otras, sé que sabemos tejer las alianzas oportunas, sé que sabemos que no hay proyecto pequeño ni tarea que no contribuya al todo. Sé que estamos. Por eso, a pesar, de todo, confío y por eso os pido que, juntas, permanezcamos vigilantes y seguimos haciendo empresa desde el liderazgo consciente, que es, también, construir paz.
Maria Teixidor, presidenta de la Comisión Mujer y Empresa de Pimec
