En un contexto de emergencia climática, las pymes afrontan su impacto cada vez más creciente y responden con estrategias de sostenibilidad y resiliencia para proteger la actividad, mantener la competitividad y garantizar la continuidad del negocio
El cambio climático es una realidad que desde hace años impacta a todos los niveles. Largos periodos de sequía, temperaturas cada vez más altas, episodios puntuales de lluvias intensas o fuertes granizadas son algunos de los efectos de la huella humana sobre el planeta y que también tienen consecuencias en la economía. Ante este escenario, las pymes, que representan el 99,8% del tejido empresarial catalán, son especialmente vulnerables. Desde el aumento de los costes energéticos, hasta la adaptación a nuevas normativas ambientales, se ven obligadas a adaptar procesos, revisar la logística o invertir en medidas de resiliencia climática para garantizar la continuidad de la actividad y minimizar riesgos.
En la agricultura, a causa de los episodios de sequía y de calor extremo, la vendimia se ha avanzado un mes y hay empresas que han trasladado las variedades vinícolas a zonas del Pirineo, donde ahora ya se dan las condiciones climáticas para conseguir un buen producto. Lo explica el presidente de Pimec Agroalimentaria, David Coll, quien también asegura que se buscan variedades de productos que sean más resistentes en estas condiciones. “Tenemos que disponer de zonas donde poder almacenar agua porque los episodios de sequía son más largos y de sistemas de regadío más eficientes porque con mucha menos agua se puedan cubrir las necesidades”, señala David Coll, antes de recordar que la actividad también se ha tenido que adaptar a los criterios de sostenibilidad, cada vez más presentes. “Buscamos productos más respetuosos con el medio ambiente y, por eso, necesitamos invertir en la mejora de los procesos de reciclado de agua o de los sistemas de tratamientos de deyecciones ganaderas o residuos orgánicos”, detalla.
En cuanto a la ganadería, la adaptación pasa por la mejora de la infraestructura de las granjas, con el objetivo de garantizar que los animales se críen en unas condiciones de temperatura el máximo de establos posible. “También se está haciendo una inversión en formación para tener conocimiento de las novedades en materia de sostenibilidad y nuevas genéticas”, señala David Coll, quien recuerda que “tenemos que confiar en el sector agroalimentario catalán y consumir productos de proximidad, puesto que esta es una forma responsable de colaborar en la sostenibilidad global del planeta”.
Otro sector que se ve afectado es el turismo. El aumento sostenido de las temperaturas, la intensificación de los periodos de sequía y la aparición de fenómenos extremos ya condicionan la actividad turística catalana. La reducción del confort climático puede menguar el atractivo de los destinos, y la erosión de las playas, provocada por el aumento del nivel del mar y por los temporales marinos, supone una pérdida directa de espacio turístico.
En cuanto al turismo de nieve, el cambio climático se traduce en temporadas más cortas e inestables, con una disponibilidad de nieve natural cada vez más incierta. Esto obliga a una dependencia creciente de la nieve artificial, con el consiguiente impacto ambiental y económico. El turismo activo y de natura también se ve afectado por un entorno natural más imprevisible, puesto que el aumento del riesgo de incendios forestales, la reducción de los caudales fluviales y las temperaturas extremas pueden limitar el acceso a espacios naturales y reducir la calidad de la experiencia de los visitantes.
El presidente de Pimec Turismo, Carlos Rabaneda, explica que el cambio climático tiene consecuencias como, por ejemplo, “la desviación de la demanda turística hacia otras regiones menos afectadas, el incremento de los costes operativos y cambios en los calendarios tradicionales de actividad turística”. Por eso propone, entre otros, implantar tecnologías sostenibles a los establecimientos turísticos, crear planes municipales contra emergencias climáticas e invertir en prevención.
La restauración, como parte fundamental de la experiencia turística, también se ve afectada por el aumento de temperaturas, la presión sobre los recursos hídricos y las alteraciones en la disponibilidad de productos locales y de temporada. El estrés hídrico puede comportar restricciones en el uso de agua a cocinas y establecimientos, mientras que el impacto sobre la agricultura y la ganadería dificulta el abastecimiento regular de productos frescos y de proximidad, con el incremento consiguiente de los costes. Además, las condiciones climáticas adversas pueden reducir la frecuentación de terrazas y espacios exteriores, afectando la facturación, especialmente en destinos donde el consumo al aire libre es clave. Ante esta realidad, la restauración tiene que adaptarse con medidas de eficiencia hídrica y energética, reformulación de cartas según disponibilidad local y temporal e integración en estrategias turísticas resilientes y sostenibles.
En cuanto al deporte, ya hace un tiempo que las instalaciones deportivas han incrementado la inversión en la climatización de sus espacios a causa de las altas temperaturas. El sector también ha incorporado nuevos elementos con el objetivo de ahorrar agua como, por ejemplo, reductores de caudal o circuitos de recirculación y reaprovechamiento. “En términos generales, las instalaciones deportivas catalanas que tienen piscinas han reducido un 40% el consumo de agua”, explica el presidente de Pimec Deportes, Augusto Tarragó. A la vez, el calor extremo y los fenómenos adversos han impactado directamente en la planificación de acontecimientos y actividades de ocio, con cancelaciones, reprogramaciones y un aumento de los costes de gestión.
Un sector que también sufre las consecuencias de la emergencia climática es el de las empresas de limpieza. En relación con la limpieza de equipamientos públicos, la vicepresidenta de la Asociación Catalana de Empresas de Limpieza y miembra del Comité Ejecutivo de Pimec, Natividad Pintado, explica que el incremento de temperaturas y los periodos prolongados de sequía generan más pulso en suspensión y acumulación de residuos, hecho que “obliga a intensificar las tareas de limpieza para garantizar la salubridad y el bienestar de los usuarios”. Pintado también señala que, con la sequía y las restricciones hídricas, muchas empresas han tenido que implementar sistemas de limpieza más eficientes pero más costosos tecnológicamente, “con menos margen de maniobra para las pequeñas y medianas empresas”. En cuanto a las altas temperaturas, la limpieza de equipamientos públicos también se tiene que adaptar a los horarios, al incremento de los equipos de protección, a la necesidad de realizar más pausas y mejorar la organización y la productividad de las personas trabajadoras.
En cuanto a la industria, el presidente de Pimec Industria, Josep Soto, explica que “en relación con la sequía, el sector se ha visto obligado a reducir consumos y reinventar procesos para hacer frente a las restricciones”, apuntando también que entre el 2023 y 2024 el consumo de agua por parte de las empresas cayó un 8%, en muchos casos sin que la producción global se viera afectada. Sectores como el alimentario, el químico o el papelero se han tensionado especialmente por la sequía, puesto que el agua forma parte indisociable del proceso productivo. “La imposibilidad de garantizar el suministro ha condicionado, incluso, proyectos de inversión y expansión industrial, con el riesgo que las empresas innovadoras acaben trasladando su actividad a regiones con más garantías hídricas”, explica.
“El tejido industrial catalán ha demostrado resiliencia hacia los efectos del cambio climático. La reducción de consumos de agua, la digitalización de procesos y la innovación en sostenibilidad son una realidad y las pymes industriales están haciendo todo lo posible para reinventarse”, dice Soto. En este sentido, alerta que es imprescindible el apoyo de la administración con políticas que pongan el foco en la realidad de las pymes, puesto que muchas tienen dificultades para abordar las inversiones, carencia de recursos financieros y técnicos e incertidumbre sobre las ayudas públicas.
Natalia Guerrero, Departamento de Comunicación de Pimec.
