La actualización de la Ley de Comercio tiene que tener como prioridad fortalecer, dignificar y profesionalizar el comercio de proximidad
Como panadera, he estado testigo de la profunda transformación que ha experimentado el comercio de proximidad en los últimos años. Los hábitos de consumo evolucionan de manera acelerada, la digitalización se impone y proliferan nuevos modelos de negocio; todo esto impacta directamente en nuestra actividad económica y en la salud del comercio local.
Los establecimientos de comercio no son solo un punto de compra, son generadores de actividad económica, de ocupación y motor de bienestar social. Pero, porque lo continúen siendo, hacen falta medidas concretas y valientes que garanticen la viabilidad y competitividad. Y es por eso que desde Pimec Comerç reclamamos una actualización de la Ley de Comercio con una prioridad clara: fortalecer, dignificar y profesionalizar nuestro comercio de proximidad.
Es urgente apostar por un modelo que ponga las personas en el centro. Dignificar el comercio quiere decir dotarlo de los instrumentos adecuados para adaptarse a los nuevos tiempos, sin perder la esencia que lo hace único. Profesionalizarlo implica proporcionar formación continua para poder ofrecer producto y servicio de excelencia y, el más importante, una experiencia de consumo, además de contar con apoyo para digitalizarse, herramientas para gestionar mejor los negocios y capacidad para captar y retener talento. Y, finalmente, fortalecerlo quiere decir proteger su entorno: planificar urbanísticamente con mirada comercial, garantizar un uso racional del espacio público, promover la compra responsable y establecer medidas que ayuden a garantizar la continuidad de los negocios.
Un tema que tiene que estar a la agenda política es la reducción de la burocracia. El comercio de proximidad es mucho más que una actividad económica, puesto que no solo provee los consumidores de bienes y servicios, sino que es una pieza esencial para la convivencia, la cohesión social, la sostenibilidad medioambiental y la seguridad. No podemos dejarlo desprotegido ante una regulación pensada para escenarios que no reflejan su realidad. Es imprescindible simplificar y adaptar la normativa a la dimensión real de las pymes del sector, porque las reglas del juego no pueden ser iguales para todo el mundo.
Para garantizar la continuidad del comercio local también hacen falta políticas activas de apoyo. Las modificaciones de la Ley de Comercio tienen que fomentar la digitalización y transformación del sector, y dotar las administraciones locales de los recursos necesarios para hacer políticas de promoción y ordenación comercial. Además, la ley tiene que velar para evitar que se generen posiciones de dominio que puedan poner en riesgo la competencia y el progreso compartido, porque hay de haber un equilibrio con todos los modelos comerciales, pero en igualdad de condiciones. No podemos sufrir de este modo las consecuencias de una concentración que empobrece nuestro tejido económico y social.
Fortalecer el comercio de proximidad es una responsabilidad colectiva, en la cual participan las empresas, los profesionales autónomos, la ciudadanía y las administraciones. Con una legislación adaptada a la realidad del sector y una nueva ética del consumo, podremos construir un futuro mejor en que el modelo comercial catalán, arraigado en el territorio, recupere la centralidad y el papel que le corresponde.
Mónica Gregori, Presidenta de Pimec Comerç.

