A menudo veo que se usan ambas palabras -emprendedor y empresario- para definir un mismo perfil profesional. De hecho, yo mismo, dependiendo de con quién hablo, me defino como emprendedor o como empresario. Y es que, con el tiempo, he descubierto que estas dos etiquetas no son excluyentes. Al contrario, se necesitan.
El emprendedor es quien sueña en grande, quien ve oportunidades donde los otros ven riesgos. Es quien se atreve a iniciar, a imaginar lo que todavía no existe. El empresario, en cambio, es quien consolida, estructura y hace crecer. Es quien transforma aquella idea inicial en una realidad que se puede sostener a largo plazo y hacer evolucionar.
Aun así, me he encontrado a menudo con una mirada social curiosa: ser emprendedor parece inspirador, moderno, valiente. Ser empresario, en cambio, en ciertos entornos se ve como una figura fría, vinculada solo al beneficio o al poder y es por este motivo que en función del entorno donde me encuentro, me defino con una palabra o la otra.
Esto no saca que esta visión me parezca injusta. Sin empresarios, muchos proyectos innovadores se quedarían solo en buenas intenciones. Y sin emprendedores, el tejido empresarial se estancaría.
Personalmente, creo que un proyecto ambicioso y con recorrido necesita las dos miradas. El empujón del emprendedor para arrancar, y la visión del empresario para hacerlo crecer con solidez. El verdadero reto es saber cuando hay que activar una mirada o la otra. Porque crear no es solo empezar, sino también saber continuar.
Guillem Caballé Riera – miembro de Pimec Jóvenes y CEO de Trax Bike Solutions SLU
