La presentación del Gran Recapte 2025 en la sede de Pimec y de la mano de la Fundació Pimec fue mucho más que un acto solidario. Fue un toque de atención. En nuestra sociedad, uno de cada cuatro ciudadanos vive en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras cada año se tiran toneladas de alimentos perfectamente consumibles. Una paradoja que interpela la sociedad en su conjunto, pero especialmente al mundo empresarial.
El Banc dels Aliments no solo distribuye comida: construye puentes entre la abundancia y la necesidad. Y este puente necesita, más que nunca, el apoyo de las empresas. No hay excusa para tirar alimentos mientras hay hambre. Las empresas, las pymes, pueden ser parte activa de la solución: mejorando la gestión de los stocks, repensando procesos logísticos y estableciendo circuitos de donación eficientes.
El derroche alimentario no es solo un problema ético. Es también un fallo de gestión y una pérdida de valor. Cada producto que se tira representa horas de trabajo, recursos naturales y energía desaprovechados. En un contexto de crisis climática y desigualdades crecientes, aprovechar los alimentos es una forma tangible de sostenibilidad. Y la sostenibilidad, hoy, es también competitividad.
El Gran Recapte es, pues, una oportunidad para demostrar que la responsabilidad social empresarial no es un eslogan, sino una estrategia de futuro. Desde la Fundació Pimec y el Banc dels Aliments estamos elaborando un convenio para canalizar la acción solidaria de las pymes catalanas. El objetivo: transformar la buena voluntad en resultados medibles, coordinando donaciones, voluntariado y proyectos de aprovechamiento alimentario. Desde estas líneas, pido la ayuda de personas que puedan ser voluntarias para la campaña de este año.
Este es el momento para que las empresas den un paso adelante. Participar en el Gran Recapte no es solo “hacer el bien”; es invertir en cohesión social, en reputación y en valores compartidos. Las pymes que se implican en iniciativas como ésta no solo ayudan a quién lo necesita, sino que también fortalecen su vínculo con la comunidad y con su propio equipo.
Hay que cambiar la mirada: el derroche no es un residuo inevitable, sino un recurso mal gestionado. Y los empresarios y empresarias tenemos las herramientas para revertirlo. Colaborar con el Banc dels Aliments no es solo dar alimentos —es apostar por una economía más inteligente, circular y humana.
La rentabilidad de una empresa no se tendría que medir solo en beneficios contables, sino también en la huella social que deja. El Gran Recapte nos recuerda que, cuando la iniciativa privada se pone al servicio del bien común, el resultado es una sociedad más justa, más eficiente y más digna.
Josep González, presidente de la Fundación Pimec
