Por una lengua aprendida y utilizada también en el mundo del trabajo y de las empresas

Artículo original de Via Empresa reproducido con la autorización del autor.

Todos nosotros somos responsables de dar pequeños pasos adelante en nuestra vida cotidiana para asegurar la sostenibilidad lingüística de la lengua catalana

El pasado 13 de mayo se presentó el Pacto Nacional por la Lengua. Se trata de una hoja de ruta propuesta por el Gobierno, elaborada a través de un proceso participativo con cerca de 2.600 propuestas, que traza el camino a seguir hasta 2030 para garantizar el futuro del catalán como lengua de cohesión social. El Pacto, firmado inicialmente por 25 entidades, cuenta con una inversión histórica en política lingüística y propone incorporar 600.000 nuevos hablantes y reforzar el uso del catalán en las administraciones públicas, la educación, la sanidad, el sector cultural y el ámbito tecnológico, entre otros.

Aunque se trata de un pacto dirigido al conjunto de la sociedad, las empresas y el mundo del trabajo constituyen uno de los ejes vertebradores del documento. De hecho, entre los firmantes iniciales se encuentran Comisiones Obreras (CCOO), la Confederación de Cooperativas de Cataluña, el Consejo de Gremios de Comercio, Servicios y Turismo, Foment del Treball, la Intersindical, PIMEC, UGT y USOC, y posteriormente se han adherido organizaciones como la Agrupació de Botiguers i Comerciants de Catalunya, la Associació Catalana d’Empreses del Lleure, l’Educació i la Cultura, el Gremio del Comercio de Muebles de Barcelona, la Unión Empresarial de la Anoia, CECOT, entre otras.

En este ámbito, el documento parte de una idea fundamental: la empresa es uno de los espacios donde las personas adultas pasan más tiempo y, por tanto, uno de los lugares donde más se puede incidir en el aprendizaje y el uso efectivo de la lengua. Sin embargo, en el mundo del trabajo las cosas no son fáciles: con demasiada frecuencia se olvida que la ausencia habitual de la valoración de los conocimientos de catalán en los procesos de selección de personal tiene como consecuencia un menor interés por aprender la lengua y dificulta su uso habitual en contextos empresariales. Uno de los grandes objetivos del Pacto es, por tanto, incorporar plenamente el uso, el aprendizaje y la acreditación del catalán en el ámbito laboral. Alcanzar este objetivo no es tarea sencilla, sino que exige poner en marcha medidas concretas que requieren el compromiso de todos.

Con demasiada frecuencia se olvida que la ausencia habitual de la valoración de los conocimientos de catalán en la selección de personal tiene como consecuencia un menor interés por aprenderlo.

En primer lugar, es necesario “mejorar el acceso a la formación y a la acreditación de la lengua catalana en las relaciones laborales, aprovechando los mecanismos del Consorcio para la Formación Continua de Cataluña (CONFORCAT) y de los fondos estatales y europeos”. El CONFORCAT dispone de un buscador de cursos mediante el cual, accediendo a Competencias transversales, se puede consultar la oferta de cursos de catalán de todos los niveles. Otro objetivo específico es “garantizar que se respeten los derechos lingüísticos de los trabajadores” y, en relación con ello, “impulsar el uso del catalán como lengua habitual en los centros de trabajo”. Asegurar el aprendizaje del catalán en el entorno laboral es un derecho de los trabajadores, ya que les capacita para desarrollar mejor sus tareas, les abre la puerta a más oportunidades en el mercado laboral y les facilita la participación en todos los ámbitos de la vida pública.

Las empresas, por su parte, deben incentivar las buenas prácticas lingüísticas, no solo hacia los clientes, sino también entre los trabajadores. Existen numerosos ejemplos: cuando en un centro de trabajo no se aplica una política lingüística, por ejemplo, en la acogida de nuevos trabajadores o en las reuniones de trabajo, conviene plantearse si se está facilitando o dificultando que el trabajador recién llegado tenga una oportunidad más de conocer y usar la lengua, una ocasión para percibir su utilidad, un incentivo para aprenderla y una herramienta de equiparación en cuanto a las distintas habilidades de los trabajadores.

No todo debe recaer en las empresas, por supuesto. Las administraciones deben promover, “en el marco de la negociación colectiva, el aprendizaje, la acreditación y el uso del catalán en el ámbito laboral mediante convenios, ayudas, subvenciones y cláusulas de contratación pública”, y, al mismo tiempo, “incorporar el Consejo del Diálogo Social como un agente clave más en la activación de acuerdos para hacer efectivas las medidas relativas al ámbito laboral”.

La implementación del Pacto acaba de comenzar y aún tiene un largo recorrido por delante. En lo que respecta a 2025, se han seguido desarrollando los planes de análisis de la situación lingüística en los comercios de Cataluña (OFERCAT); se ha intensificado el programa Emmarca’t, que pretende impulsar el uso de la lengua en páginas web, manuales de uso, aplicaciones, atención telefónica, etiquetado, etc., en las marcas más relevantes que operan en Cataluña; se está preparando una campaña de información digital sobre derechos y deberes lingüísticos en el sector comercial y de la restauración, y se llevan a cabo acciones de formación lingüística básica in situ para profesionales del comercio y la restauración en diversas ciudades, bajo el nombre Comerços aprenents, entre otras medidas de análisis y de impulso.

Finalmente, todos nosotros, en nuestra doble condición de trabajadores y consumidores, también somos responsables de dar pequeños pasos adelante en nuestra vida cotidiana para asegurar la sostenibilidad lingüística de la lengua catalana, que no es otra cosa que garantizar la cohesión social de la Cataluña del siglo XXI.

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