Ser comercio de proximidad hoy es mucho más que vender un producto u ofrecer un servicio. Es levantar la persiana cada mañana con la voluntad de mantener vivo un barrio, un pueblo, una forma de hacer ciudad. Por eso es necesario dar voz a las personas empresarias y autónomas que sostienen este modelo con esfuerzo, constancia y un profundo compromiso con el territorio.
El comercio de proximidad no es una idea abstracta ni un concepto teórico. Son personas. Son negocios familiares, proyectos emprendedores, establecimientos que pasan de generación en generación o que nacen en contextos complejos con ilusión y vocación de futuro. Son la tienda donde todo el mundo es conocido por su nombre, el punto de referencia del barrio, el espacio donde se detectan necesidades y se ofrece una respuesta cercana y a medida.
Precisamente por todo ello, el comercio de proximidad es un pilar de la sociedad catalana. Garantiza accesibilidad, equidad y relación humana, a menudo sin etiquetas ni reconocimiento formal, pero con plena conciencia de que su actividad tiene un impacto que va mucho más allá de la cuenta de resultados. Hace ciudad, hace comunidad y contribuye directamente a la calidad de vida de las personas.
Ahora bien, este compromiso con el territorio y esta función social conviven con una realidad exigente. A pesar de su capacidad de adaptación, el sector afronta retos bien conocidos por las personas empresarias: la falta de relevo generacional, el aumento de los costes, una competencia a menudo desigual, el exceso de regulación y burocracia, las dificultades para captar y retener talento o la necesidad de incorporar herramientas digitales sin perder la esencia de la proximidad.
Estos retos no son teóricos, son reales y condicionan la continuidad de negocios viables y ponen en riesgo el modelo comercial de proximidad que sostiene nuestros barrios y municipios. Y es aquí donde se hace evidente una realidad compartida: el comercio no puede, ni debe, caminar solo. Necesita herramientas, acompañamiento, visión estratégica y políticas públicas que entiendan su especificidad y su valor social y económico.
Desde esta mirada, el próximo 8 de junio en Barcelona celebraremos la II Cumbre del Comercio de Cataluña, bajo el lema Construimos el futuro del comercio. Un encuentro pensado desde el sector y para el sector, con la voluntad de consolidarse como el espacio de referencia para las personas empresarias del comercio de proximidad.
La Cumbre pondrá sobre la mesa las cuestiones que realmente nos ocupan y preocupan: un diagnóstico compartido del sector, el relevo generacional, la competitividad empresarial, la digitalización con mirada humana, el emprendimiento y la gestión del talento. Pero lo hará con un enfoque claramente orientado a la acción, poniendo el foco en soluciones prácticas, experiencias reales y buenas prácticas que ya están funcionando en los barrios y municipios del país.
Será, por tanto, un espacio desde el que reivindicaremos el oficio, así como el valor social y económico que representamos las personas empresarias y autónomas del sector. Porque construir el futuro del comercio implica reconocer este valor, escuchar al sector y trabajar conjuntamente. Y espacios como la Cumbre del Comercio son imprescindibles para que esta voz colectiva se transforme en propuestas concretas y en acción compartida.

