El trabajo en remoto se va consolidando en las empresas catalanas y progresivamente encuentra su lugar en el seno de las organizaciones tras el impulso que supuso la pandemia de la Covid-19
El teletrabajo ha dejado de ser una respuesta coyuntural a una situación excepcional para convertirse en una fórmula estructural dentro de muchas empresas catalanas. Cinco años después del estallido de la pandemia, esta modalidad se ha consolidado como una nueva manera de organizar el trabajo, con un peso creciente y con una clara evolución hacia modelos híbridos que combinan presencialidad y trabajo a distancia.
Así lo constata el sexto informe elaborado por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y Pimec en el marco del Barómetro de Competencias y Ocupaciones de Cataluña, que analiza las ofertas de empleo publicadas entre 2018 y 2024 en España con opción de teletrabajo.
Los datos son contundentes: el teletrabajo ha pasado de ser prácticamente residual —aparecía solo en el 0,9% de las ofertas en 2019— a representar el 10,2% del total de vacantes publicadas en 2024. Cataluña, además, se sitúa como la segunda comunidad autónoma con mayor incidencia de teletrabajo, solo por detrás de la Comunidad de Madrid.
El estudio muestra que las empresas ya no perciben el teletrabajo como una concesión temporal, sino como una opción estable integrada en su funcionamiento habitual. Sin embargo, el modelo que gana más terreno no es el 100% remoto, que tiende a disminuir, sino el modelo híbrido. Esta fórmula permite combinar los beneficios de la presencialidad —como la interacción social, la coordinación y el aprendizaje informal— con las ventajas del trabajo a distancia, especialmente en cuanto a flexibilidad y autogestión del tiempo.
No todas las empresas ni todos los sectores adoptan el teletrabajo con la misma intensidad. El sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) lidera claramente el ranking, con un 13,01% de las ofertas que incluyen esta opción. También destacan las actividades de servicios administrativos y de apoyo (12,88%), así como las actividades profesionales, científicas y técnicas (9,52%). En cambio, otros sectores presentan aún una presencia muy limitada del teletrabajo, a menudo por la propia naturaleza de las tareas.
En cuanto a los perfiles profesionales, los más vinculados al desarrollo tecnológico son los que integran más opciones de teletrabajo. Desarrolladores de software, desarrolladores web y multimedia e ingenieros en telecomunicaciones encabezan la clasificación. El informe también pone de manifiesto que el nivel formativo es un factor clave: las vacantes que requieren estudios universitarios o de máster son las que más a menudo ofrecen trabajo a distancia.
La experiencia profesional también influye. Aunque, en términos generales, a mayor experiencia hay más probabilidades de teletrabajo, cuando se comparan vacantes similares aparece un efecto en forma de U invertida. Tanto los perfiles que requieren poca experiencia como los perfiles con más de 10 años tienen menos opción de teletrabajo que los de experiencia intermedia. Sobre este aspecto, el estudio subraya que las empresas pueden considerar menos adecuado el teletrabajo en perfiles con un nivel bajo de experiencia laboral.
Carme Pagès Serra, directora de la Unidad de Prospección y Análisis Laboral de la UOC, indica que una razón potencial es que “estos perfiles pueden perder oportunidades de aprendizaje que se producen a través del intercambio informal de conocimientos en entornos presenciales, y esto puede afectar tanto a su productividad como a la progresión de su carrera profesional”. En cambio, opina que “los perfiles con más experiencia suelen estar asociados a cargos con mayores responsabilidades de coordinación y liderazgo, que suelen requerir más interacción social y presencialidad”.
Un modelo flexible, pactado y adaptado a cada empresa
El teletrabajo es una oportunidad, pero debe abordarse con realismo. El secretario general de Pimec, Josep Ginesta, defiende que no se trata solo de un avance tecnológico o de un beneficio social, sino de una nueva manera de organizar el trabajo que puede aportar grandes beneficios a las personas, a las empresas y a la sociedad.
Para que esto sea posible, es necesario adaptar la regulación a la realidad de las pymes, impulsar la digitalización y la formación, y fomentar también la corresponsabilidad entre empresas y trabajadores. “Debemos tener un modelo flexible, pactado y adaptado a cada empresa, que permita aprovechar todas las oportunidades que ofrece el teletrabajo sin perder de vista los retos que aún tenemos por delante”, añade Ginesta.
En definitiva, el teletrabajo ha venido para quedarse, pero lo hace adoptando formas más maduras y equilibradas. El reto, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, es encontrar el modelo que mejor se adapte a su actividad, a sus personas y a su cultura organizativa, con el objetivo final de trabajar mejor, no solo desde casa, sino también dentro de la empresa.
Natalia Guerrero, técnica de comunicación de Pimec
