“¿Vamos a tomar un yogurt?”, le propuso una compañera de clase a Glòria Salomó, que entonces estudiaba un curso de mercados derivados en los EUA, en Chicago. Al ver los locales que ofrecían estos productos con guarniciones de todo tipo se le encendió una luz. Ella y su amiga Íngrid Rahola querían montar un negocio juntas desde que tenían 15 años y esta era una oportunidad que no podían dejar pasar: la idea era buena y la inversión inicial no era demasiado grande (50.000 euros).

¿El nombre? Llagurt. En honor a la manera cómo las iaies de Girona llaman el yogurt.

Al volver de los Estados Unidos ya tenían el proyecto muy encarado, con un local en la Rambla, en el centro de Girona. Pero ¿cómo consiguieron el dinero? “Capitalizamos el paro y rompimos la hucha”, confiesa Íngrid. Además, recibieron la ayuda de sus padres y el resto lo pidieron al banco. Lo más sorprendente es que todo esto lo hicieron en el 2010, ¡en plena crisis! Y no solo eso: Íngrid, que tenía un buen trabajo con un buen sueldo decidió dejarlo todo atrás para animarse con este proyecto. Este carácter emprendedor, a pesar de las condiciones adversas, es el que ha posibilitado que Llagurt exista como tal y se impregne de la actitud de sus fundadoras.

Desde entonces Llagurt ha crecido tanto que, hoy en día, cuenta con 30 puntos de venta por todo el territorio catalán, da empleo a un centenar de trabajadores y factura dos millones de euros anuales. Para conseguir estos resultados tan excepcionales han abierto varias franquicias. “La idea de la franquicia llegó precisamente con la tienda de Platja d’Aro. Mucha gente del territorio veranea allí y recibimos varias peticiones interesándose por el negocio”, explica Glòria. A pesar de las muchas peticiones recibidas tienen claro que el crecimiento debe hacerse con cabeza para mantener la esencia del negocio. “Preferimos crecer poco a poco, pero asegurando la continuidad del negocio”, sentencia Glòria.

Otro de los grandes éxitos de Llagurt es el producto que ofrecen. Las mejores pymes son aquellas que saben adaptarse a los cambios en su entorno, pero, sobre todo, aquellas que tienen la intuición necesaria para anticiparse. En este sentido, Llagurt comenzó a ofrecer un producto de proximidad y de gran calidad antes de que se pusiera de moda. Y no solo eso, sino que al ser la empresa de referencia de este producto en el mercado han podido hacer frente con más seguridad a la creciente competencia. “Nos recolocamos y seguimos a lo nuestro, cuidando mucho el producto, el cliente y también el personal”, comentan las fundadoras de la pyme yogurtera.

Finalmente, su relación de amistad es un pilar esencial para Llagurt. En momentos de dificultad se ayudan la una a la otra y, de esta manera, “llega el día siguiente y seguimos con la misma energía”. Además, han establecido una serie de normas para que el trabajo no se interponga en su relación personal. “Si alguna de las dos dice no, es no. No se discute. En el día a día, hay que tomar tantas decisiones que no nos podemos parar demasiado a discutir”, comenta Íngrid.

Cabe destacar que, aparte de su negocio, han puesto en marcha un proyecto llamado El Conte de les Llagurteres, un libro educativo con valores de emprendimiento dirigido a niños de 6 a 8 años. El buen uso de la lengua catalana de esta iniciativa les valió el premio PIMEC a la calidad lingüística del año 2015.

Así pues, ya lo sabéis, cuando tengáis un rato libre al salir de clase le podéis proponer a vuestro compañero o compañera de clase: “¿vamos a tomar un llagurt?”.