Un juzgado social de Madrid ha resuelto a favor de la empresa de mensajería Glovo, considerando que la relación que unía a uno de sus repartidores y la empresa no era de carácter laboral tal como el demandante reclamaba, sino que presentaba las notas características de un TRADE, es decir, un autónomo económicamente dependiente de un solo cliente para facturar más de un 75% de sus ingresos de este.

En el caso objeto de litigio, el repartidor estaba unido a la empresa a través de un contrato de prestación de servicios como autónomo y más adelante se formalizó como TRADE, cuando el repartidor comunicó a la empresa que más del 75% de sus ingresos provenían de su trabajo como repartidor a Glovo. La jueza considera que se prestaban según la forma descrita al contrato TRADE.

Más del 75% de los ingresos del repartidor provenían de su trabajo como mensajero de Glovo

Los hechos probados de la sentencia indican que la actividad del trabajador se organizaba vía una APP de la misma empresa, basada en un algoritmo encargado de asignar los pedidos a cada trabajador en función de la combinación repartidor-comanda, buscando el mejor beneficio. Existe un sistema de puntuación donde los repartidores con más puntos tienen preferencia de acceso a los pedidos que van entrando al APP, a pesar de que este factor no tiene el carácter de sanción, sino que es considerado un incentivo, puesto que pulsaba la calidad y cantidad de trabajo.

El inicio y final de la jornada era decidido por el repartidor, así como la actividad realizada a lo largo de la misma. No tenía ninguna obligación de realizar un mínimo de pedidos, ni de estar disponible un mínimo de horas, afirma la jueza. El repartidor podía rechazar pedidos y escoger la ruta de reparto, entrando el repartidor en contacto con el usuario un golpe aceptada el pedido. En caso de que el repartidor tuviera que comprar productos para el usuario con quién Glovo lo había puesto en contacto, tenía a su disposición una tarjeta de crédito facilitada por la empresa.

La empresa no tenía un poder sancionador frente al repartidor, más allá de una pequeña penalización

Tampoco la empresa disfrutaba de poder sancionador hacia el repartidor, más allá de una pequeña penalización en caso de que el repartidor no se encontrara operativo en la franja previamente “reservada”. Esta pequeña sanción no es suficiente, según la sentencia, para considerar la existencia de relación laboral, sobre todo comparando el resto de los elementos señalados y característicos de una relación de trabajador autónomo.

El repartidor, durante su actividad, se encontraba localizado a través de un geolocalizador GPS con objeto de conocer el kilometraje y que la empresa pudiera abonarle posteriormente, a pesar de que era libre de escoger sus rutas.

También se considera como probado que las principales herramientas de trabajo (la moto y el móvil) eran propiedad del repartidor, asumiendo todos los gastos derivados de su uso. Por estos motivos, la sentencia argumenta que el repartidor responde del riesgo y ventura de cada encargo, respondiendo del mismo ante el cliente.

Añade la sentencia que la retribución recibida por parte del repartidor depende directamente de la cantidad de encargos que lleve a cabo. Esta remuneración se abona en facturas confeccionadas por Glovo, y no por el repartidor.

La inexistencia de pacto de exclusividad es uno de los otros indicios que tiene en cuenta la sentencia para remarcar la autonomía del repartidor.

Finalmente, se concluye que la relación entre demandado y demandada se ajusta perfectamente a las condiciones de régimen de TRADE, dado que elementos del caso se entienden por contrarios a la subordinación, dependencia, alienidad y percepción de los frutos por el empresario, notas características de la relación laboral.