Cuando se cumple un año del fallo total, blackout, del sistema eléctrico que afectó a todo el tejido empresarial, es momento de hacer balance con una mirada constructiva. Aquel episodio puso a prueba la capacidad de respuesta de las pymes, que, lejos de quedar paralizadas, demostraron una gran resiliencia, adaptabilidad y compromiso con la continuidad de su actividad.
Desde Pimec constatamos el impacto económico que supuso esta incidencia, estimado en pérdidas de cerca de 900 millones de euros, especialmente por la interrupción repentina de procesos productivos, la pérdida de materias primas, de productos elaborados y de servicios. Aun así, es necesario poner en valor la rápida reacción empresarial, con la activación de protocolos internos, la reorganización de recursos y la puesta en marcha de soluciones alternativas para minimizar las pérdidas y retomar la actividad lo antes posible. Este espíritu es, sin duda, uno de los grandes activos de nuestro modelo empresarial.
Este episodio también reforzó un mensaje que desde Pimec defendemos: las pymes no son solo receptoras de las políticas energéticas, sino actores clave en la transformación del modelo energético. Cada vez más empresas están apostando por la eficiencia y la gestión energética, el autoconsumo y la sostenibilidad como vías para ganar competitividad y reducir su exposición a riesgos externos. En este sentido, desde las Oficinas Empresariales de Transición Energética (OETE’s) de Pimec se ofrece un apoyo técnico independiente para facilitarlo, con una red de colaboradores cualificados.
La crisis aceleró la toma de conciencia sobre la importancia de la planificación y la gestión energética. Muchas empresas han dado pasos adelante en la incorporación de sistemas de apoyo, la digitalización de sus procesos y la definición de planes de contingencia. Consideramos que este es el camino a seguir y es necesario seguir facilitándolo.
Ahora bien, esta capacidad de adaptación empresarial debe ir acompañada de un entorno que la haga posible. Es imprescindible garantizar la continuidad y la calidad del suministro eléctrico, así como mecanismos de respuesta eficientes ante incidencias. Asimismo, es necesario avanzar en marcos regulatorios que incentiven la inversión en eficiencia y gestión energética específicas para las pymes y que faciliten su acceso a soluciones como el autoconsumo, el almacenamiento y la gestión energética.
Otro aspecto clave es la mejora de los canales de información y coordinación. Disponer de una comunicación clara, ágil y transparente en situaciones críticas es esencial para que las empresas puedan tomar decisiones rápidas y efectivas. En este ámbito, aún hay margen de mejora y es necesario seguir trabajando de manera conjunta entre administraciones, operadores y tejido empresarial.
Desde Pimec también reiteramos la necesidad de disponer de mecanismos de compensación adecuados en caso de incidencias graves. No se trata solo de reparar daños, sino de garantizar un marco de confianza que permita a las empresas operar con seguridad.
Así, un año después tenemos tres conclusiones claras:
– Aún no conocemos de forma clara la causa ni sus responsables, lo que dificulta, de manera inaceptable, las reclamaciones por los daños sufridos.
– Es urgente definir nuevos procedimientos en la gestión y garantías en los participantes de la generación, así como en las redes de transporte y distribución eléctricas.
– Las pymes han respondido y han aprendido. Han demostrado que son capaces de adaptarse, innovar y seguir generando actividad, incluso en contextos adversos.
Ahora es necesario que esta experiencia sirva para reforzar el sistema en su conjunto y para seguir avanzando hacia un modelo energético más robusto, sostenible y alineado con las necesidades reales del tejido productivo. Porque, si algo ha quedado claro, es que la fortaleza de nuestra economía depende, en gran medida, de la capacidad de las pymes. Y esta, como han vuelto a demostrar, es indiscutible.
José Enrique Vázquez – Presidente de la Comisión de Energía de Pimec

