“La economía del futuro necesita empresas que no solo busquen rentabilidad, sino también retorno social”

Clara Gómez forma parte del Grupo Clade, un grupo empresarial multisectorial que recientemente ha celebrado su 20º aniversario y que tiene como objetivo transformar la economía desde una perspectiva social. También ejerce como directora general de Abacus y es miembro de la Junta Directiva de Pimec.

El Grupo Clade ha celebrado recientemente su 20º aniversario. ¿Qué balance hace de estas dos décadas y cuáles han sido los principales retos y aprendizajes?

En estas dos décadas, Clade ha contribuido a demostrar que la economía social no es una excepción ni una opción minoritaria, sino una forma sólida, coherente y moderna de organizar la actividad económica con impacto social.

Clade se ha consolidado como un espacio de encuentro entre proyectos diversos que compartimos una misma mirada: trabajar, desde la economía social, con proyectos transformadores en ámbitos clave para la sociedad.

Los principales retos han sido, por un lado, crecer sin perder la esencia y, por otro, hacer entender que los modelos cooperativos no son modelos secundarios ni románticos, sino plenamente competitivos.

Se trata de uno de los grupos líderes en economía social. ¿Qué papel cree que debe tener este modelo empresarial en el futuro económico?

Estamos convencidos de que la economía social debe tener un papel cada vez más central en el futuro económico.

Ante los grandes retos que tenemos por delante (la desigualdad, la transformación digital, la transición ecológica y la concentración de poder en manos de grandes actores), necesitamos empresas que no solo busquen rentabilidad, sino también retorno social, democracia interna y compromiso con el territorio.

Estoy convencida de que son muchas las empresas del país, como las que representa Pimec, que ya tienen este compromiso. Pero es importante señalar cómo la economía social aporta una forma diferente de entender la actividad económica: no como una lógica de extracción, sino como una manera de generar valor compartido. Y esto es especialmente importante en sectores tan estratégicos para la sociedad como aquellos en los que trabajamos desde las distintas empresas que formamos parte de Clade. Sectores que son auténticos pilares de una sociedad democrática y cohesionada.

Como directora general de Abacus, ¿cuál cree que es el secreto para que sea considerada un referente del cooperativismo en Cataluña?

Si Abacus es un referente del cooperativismo en Cataluña desde hace más de 55 años, creo que es porque ha sido fiel a una idea muy clara: ser una empresa propiedad de las personas al servicio de la cultura y la educación.

El secreto no es un único factor, sino la combinación de una misión fundacional clara, con la que seguimos profundamente comprometidos, coherencia en las acciones que desarrollamos y capacidad de adaptación.

Creo que hay que destacar que Abacus ha sabido crecer, profesionalizarse y transformarse sin perder su esencia. Y eso es muy importante porque, en un entorno muy competitivo, no basta con tener valores: hay que convertirlos en una práctica empresarial sólida, eficiente y útil. Creo que eso explica muy bien por qué Abacus sigue siendo un proyecto reconocido y respetado.

¿Cómo ve el encaje entre el mundo empresarial más tradicional y los valores de la economía social?

Yo no plantearía una oposición entre la empresa tradicional y la economía social. De hecho, creo que existen muchos puntos de encuentro. Pimec hace tiempo que lo entiende muy bien y ha estado liderando este diálogo, demostrando que las pymes pueden ser motores de cambio social sin perder competitividad.

Cada vez más empresas entienden que la sostenibilidad, la calidad del empleo, la responsabilidad social y el vínculo con el entorno no son elementos accesorios, sino parte del núcleo del negocio.

Es cierto que la economía social puede aportar al conjunto del sistema empresarial una forma de hacer más participativa, más comprometida con el largo plazo y más atenta al impacto social. Y, al mismo tiempo, el mundo empresarial tradicional también puede aportarnos escala, profesionalización y capacidad de innovación.

El reto no es enfrentar modelos, sino hacerlos evolucionar hacia una mayor responsabilidad y una mayor generación de valor compartido.

¿Qué oportunidades identifica para impulsar un modelo económico más social, sostenible y arraigado al territorio?

Veo muchas oportunidades. La primera es reforzar la intercooperación entre empresas y proyectos de la economía social para ganar dimensión y capacidad de incidencia.

La segunda es aprovechar la digitalización y la innovación tecnológica sin perder el arraigo territorial ni el trato humano.

Y la tercera es situar la cultura y la educación en el centro como sectores estratégicos para construir comunidad, igualdad de oportunidades y cohesión social.

Desde la economía social tenemos un reto: si sabemos explicar bien qué hacemos y por qué lo hacemos, podemos contribuir a consolidar un modelo económico más social, sostenible y arraigado al territorio, que no solo sea viable, sino también deseable.

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