Liderar sin violencias, generar entornos seguros

“La violencia hacia las mujeres es quizás la más vergonzosa violación de los derechos humanos, y quizá sea la más generalizada. No conoce fronteras geográficas, culturales o de riquezas. Mientras siga, no podremos afirmar que hemos realmente avanzado hacia la igualdad, el desarrollo y la paz.”

Kofi Annan. ExSecretario General de las Naciones Unidas

“Defendiendo los derechos de las niñas y las mujeres es como realmente nos evaluamos como hombres.”

Desmond Tutu. Premio Nobel de la Paz

 

 

 

Violencia es, según el Diccionario de sociología online del TERMCAT, el “abuso de fuerza o de poder, intencionado o no, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, a otra persona, grupo o comunidad, que causa o tiene muchas probabilidades de causar una lesión, daño psicológico, trastorno del desarrollo, privación o muerte”.

La violencia hacia las mujeres, en todas sus vertientes (física, verbal, psicológica, económica, obstétrica, sexual, vicaria, digital, institucional, estructural…) sigue determinando de forma enormemente poderosa la imposibilidad, para las niñas y las mujeres del mundo entero, de realizarse en plenitud como seres humanos. La pervivencia de la violencia hacia niñas y mujeres a lo largo de los siglos es la negación de sus derechos básicos y fundamentales como personas que configuran el 51% de la población mundial: la negación al derecho a la vida, a la integridad, a la dignidad, a la igualdad, al libre desarrollo de la personalidad, … Y un largo etcétera.

En este contexto, una de las preguntas que debemos formularnos es cómo, desde el mundo empresarial, podemos comprometernos contra la perpetuación de esta violencia focalizada hacia las mujeres, avanzando hacia su eliminación.

Desde PIMEC hemos hablado ampliamente sobre la necesidad de contribuir, por ejemplo, con la creación y puesta en marcha de planes de igualdad efectivos. Solo recordaremos, aquí, la importancia de que estos planes no sean planes “de maquillaje”, es decir, que no se configuren solo como toneladas de papel escrito y atractivo para obtener un sello, sino que aterricen en la realidad que pretenden regular configurándola para promover cambios sostenidos en el tiempo que hagan efectivo el derecho a la igualdad.

En esta ocasión, queremos centrarnos en otro aspecto vital para conseguir este objetivo de eliminación de la violencia hacia las mujeres: los liderazgos.

La persona que lidera una empresa, un área, un departamento o un proyecto es clave en la consecución de sus objetivos. Lo es porque son las aptitudes de dirección de esta persona las que marcarán su capacidad de influencia para dirigir la acción del grupo al que se dirige hacia los logros marcados.

Tan importante es quien lidera como el cómo lo hace. Por eso, en estos momentos de profunda transformación que estamos viviendo, rodeados de una realidad líquida y VUCA (acrónimo inglés de volátil, incierta, compleja y ambigua), necesitamos liderazgos sólidos en la defensa de los derechos de las mujeres; liderazgos valientes, conscientes de la urgencia de acabar con todo tipo de violencias y flexibles a la hora de actuar para poder asumir cambios y al mismo tiempo generar espacios de trabajo seguros donde el talento femenino se pueda desarrollar con garantía de un tratamiento equitativo y la generación de unas oportunidades reales de crecimiento profesional en igualdad de condiciones.

Liderazgos integradores, que incorporen nuevas perspectivas procedentes de fuentes diversas, que generen un consenso abierto, inclusivo y participativo, que estimule a las personas a desarrollarse y sentirse capacitadas para enfrentar cualquier reto de futuro.

Liderazgos valientes que trabajen desde nuevas herramientas:

La visión que es proyección hacia el futuro. En este sentido, es necesario poder plantear un futuro libre de violencias desde una visión que concrete en el presente actuaciones que contribuyan a su construcción: la adopción de un lenguaje inclusivo, la creación de procedimientos de toma de decisión que tengan en cuenta la diferencia y generen oportunidades para todos, la configuración de grupos de trabajo que no sean fijos ni jerarquizados, que trabajen por proyectos y que aprovechen el potencial de cada persona que los integra, el reconocimiento del éxito colectivo. Y es necesario, también, marcar metas y celebrar su consecución, para demostrar con resultados que la visión es cierta, adecuada y provechosa para el conjunto.

La comprensión clave para dotar de sentido a todo lo que sucede y poder avanzar en la consecución de la visión. El liderazgo, hoy en día, debe practicar la escucha activa. Porque precisamente con el conocimiento real de las personas que conforman los equipos podremos configurar los que sean óptimos para conseguir los logros marcados. Es necesario conocer quiénes son, como son: sus talentos, sus limitaciones, sus aptitudes, sus carencias, sus miedos, sus seguridades… esta información permite adaptarse y combinar talentos para multiplicar resultados. Y es necesario, para este fin, dotarse de canales de comunicación eficaces, que garanticen el acceso a la persona que lidera, de forma permanente, confidencial y segura: para denunciar situaciones de violencia, para desvanecer dudas, para comunicar malestares, para informarse y poder así articular respuestas rápidas, reales y efectivas. En ese sentido, las herramientas digitales son una oportunidad para construir canales fiables.

La claridad es la única que permite ordenar el caos. Un liderazgo útil es lo que puede explicarse de manera clara, simple, comprensible. Y una buena comunicación se hace formulando mensajes claros, que vayan directos al grano, olviden lo superfluo, se centren en el interlocutor y sean refuerzo constante de las prioridades reales y de su ejecución. Detectar las resistencias al cambio hacia la igualdad y dirigirlas, pues, de manera clara, directa, sencilla y sin fisuras. Reaccionar con firmeza, cuando sea necesario, para dejar siempre patente que el mensaje y la acción van, de la mano, en la misma dirección.

La agilidad que permita superar cualquier ambigüedad. En un mundo cambiante, más importante que seguir una planificación estática es la capacidad que el liderazgo debe tener de reaccionar frente a los acontecimientos, a veces imprevistos, a veces poco imaginables, introduciendo dinamismo en esta planificación. Es necesario, pues, practicar una atención plena a las informaciones sobre el entorno, detectar las fuentes fiables, trabajar constantemente en escenarios diversos, generando opciones y posibilidades y tomar decisiones rápidas, con convicción, desde la flexibilidad y la adaptación, pero sin perder la visión a largo plazo. Por tanto, sin que los eventos imprevistos nos modifiquen el objetivo, sin embargo, buscando siempre vías alternativas para seguir consolidando, en la acción del día a día, el entorno que garantice las mismas oportunidades a todas las personas.

Desde la declaración del 25 de noviembre como el Día internacional para la eliminación de la violencia hacia las mujeres, tenemos esta fecha marcada en el calendario para recordarnos una realidad por la que hace falta que trabajemos, toda la sociedad, todos y cada uno de los días del año, sin excepción.

Hagámoslo, pues, con liderazgos conscientes, transformadores y, en suma, responsables. Liderazgos que combatan toda forma de violencia y generen entornos saludables donde el talento, sin distinciones, pueda realizarse en plenitud. Liderazgos que dibujen la sociedad justa, inclusiva y equilibrada que merecemos. Liderazgos que contribuyan, en definitiva, a configurar el mejor mundo de los posibles, en beneficio de todas las personas.

 

Maria Teixidor Jufresa – Presidenta de la Comisión Dona i Empresa de PIMEC

 

 

 

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