Las empresas familiares españolas confían en la fortaleza económica de sus compañías a 12 meses. Con un escenario político, comercial y regulatorio marcado durante este último año por la incertidumbre, tanto en el mercado laboral como en el europeo, más del 70% de las empresas han expresado que tienen confianza o mucha confianza en sus negocios.

En concreto, nuestras empresas mantienen mejores resultados en términos de facturación, seguidas por Italia y Francia, según el Séptimo Barómetro de la Empresa Familiar que elabora la consultora KPMG. Más del 60% de las empresas familiares han contratado nuevo personal, superando la cifra del año anterior. Por otro lado, solo el 8% admite haber reducido su plantilla y el 25% la ha mantenido; claramente, la incorporación de personal es uno de los datos más relevantes que indican que la evolución de estas empresas es muy favorable.

La buena tendencia de este colectivo se corresponde con la buena evolución de la economía, la estabilidad y el crecimiento en términos macroeconómicos, tanto en Europa como en nuestro territorio. El impulso de la inversión y, como se ha comentado en artículos anteriores, la incorporación de la innovación a la estrategia de las empresas ha modificado los objetivos de las empresas familiares al fijarse más en la calidad que en el volumen de sus inversiones.

Las cuentas de resultados mejoraron en el ejercicio anterior, tal y como comentamos en nuestro blog, y han seguido con la misma tendencia durante este periodo. No obstante, a pesar del optimismo generalizado, las empresas familiares se enfrentan también a un entorno complejo que no está exento de retos.

Las tres principales preocupaciones siguen centrándose en la mayor competencia internacional (especialmente la procedente de China y de países con costes laborales más bajos), seguida de la competencia por la contratación de personal cualificado y de la disminución de la rentabilidad o de los márgenes.

La gran dificultad con que se encuentran estos empresarios radica en el reclutamiento de perfiles profesionales. En este aspecto, la preocupación es permanente. La urgencia de acometer procesos de transformación digital y tecnológica está forzando una guerra en la captación del talento, en la que tanto empresas familiares como no familiares están inmersas.

El perfil de las personas que deben llevar a cabo la tarea de transformación digital es tan especifico que ralentiza el proceso en sí de cambio. Por este motivo las inversiones en innovación pueden verse afectadas al no tener en plantilla el personal adecuadamente formado y preparado. Si queremos ser un mercado altamente competitivo tendremos que formar, preparar y vehicular el talento hacia nuestras empresas antes de que otros se apropien de él.