A través del deporte aprendemos a enfrentarnos a nuestros miedos e inseguridades para empezar a tomar las riendas de nuestra vida y nos comprometemos con nuestro entrenamiento físico y emocional. El deporte es la mejor muestra de que todos albergamos en nuestro interior cualidades, habilidades y competencias que podemos entrenar para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

El secreto en el deporte y también en la empresa es trabajar duro y la clave es la pasión

El deporte es sinónimo de compromiso, trabajo en equipo, responsabilidad, esfuerzo, sacrificio, constancia, respeto, humildad, espíritu de superación, autoconocimiento, perseverancia, convivencia, obediencia y cuidado de la salud. Unos valores que se asocian al deporte entendido como un medio para seguir mejorando.

Pero el deporte como tal no educa en valores, todo depende de la utilización que se hace de él. Es importante diferenciar entre el deporte entendido como un juego en el que ganar es el único fin y en el que hay que derrotar al otro como sea, del deporte como herramienta para seguir mejorando, donde perder no es importante y la derrota se utiliza como medio para trabajar los valores.

Una cuestión de actitud

La actitud frente al trabajo depende de nosotros mismos. En este sentido actualmente en las empresas nos podemos encontrar con empleados “zombies”, que son aquellos que sólo ven problemas en todo y que nunca son culpables de nada. Se les distingue porque acuden arrastrando los pies a un trabajo que sienten que les quita la vida poco a poco pero al que no pueden renunciar. Lo peor es que los empleados “zombies”, que muchas veces han sido infectados por sus propios jefes, tienden a contagiar esta misma enfermedad a su entorno, ya sean compañeros jóvenes aún no contaminados o incluso a su propia familia.

En las organizaciones también es fácil observar “actitudes robot” por parte de empleados que tienen como principal lema el “hago lo que me dicen”. Pueden hacer bien su trabajo pero no suelen contribuir a que la empresa evolucione.

Frente a estas dos actitudes, la que cualquier empresa necesita de sus empleados es la del compromiso y el positivismo. Personas que no tengan miedo a equivocarse y que avancen disfrutando. Porque para tener éxito hay que disfrutar y esa actitud positiva es la que ayuda en los momentos difíciles.

Para conseguir la automotivación del equipo de una empresa, sus directivos deben dar ejemplo con una serie de habilidades indispensables para que un proyecto tenga éxito.

Habilidad #1: pasión

  • Pasión por la estrategia para reinventarse constantemente y construir nuevas ventajas competitivas.
  • Pasión por los clientes para ponerles en el centro de la organización.
  • Pasión para que todos los empleados compartan la estrategia y los objetivos de la empresa.

Habilidad #2: curiosidad por conocer y experimentar

Debemos conocer las fortalezas y debilidades de las personas del equipo y por solicitar un feedback continuo de colaboradores, clientes y proveedores.

Habilidad #3: valentía para innovar y adaptarse a las necesidades del momento

Knowmads: els treballadors del futur seran els treballadors del coneixement

Habilidad #4: humanidad para estar en todo momento en actitud de servicio

Sólo con el compromiso con el entorno y las personas, se consiguen unas bases sólidas para desarrollar las mejores y más competitivas organizaciones, productos y servicios para unos mercados cada día más competitivos pero también más sensibles con todo lo que tiene relación con la ética empresarial, los valores y el respeto por la sociedad y las personas.

Habilidad #5: humildad para delegar, gestionar las emociones de las personas y escuchar más

Si analizamos cómo gestionamos los proyectos, lo más probable es que nos demos cuenta de que dedicamos más tiempo a nuestros colaboradores para poner énfasis en el error, que para escuchar, entender y, en su caso, reforzar o reconocer los buenos resultados.

Habilidad #6: eficacia en la resolución de problemas

Las empresas se encuentran en un momento de cambio donde hay que poner en valor a las personas. Hoy buscamos equipos que se adapten a un nuevo paradigma en el cual se necesita creatividad, flexibilidad, donde las personas puedan vivir la organización y se la crean. Donde hay libertad en la manera de hacer y en la manera de crear, inevitablemente surge conflicto. En este sentido, la mediación se postula como una fórmula para la resolución de conflictos en la empresa.

Habilidad #7: agilidad en la construcción de un entorno mental adecuado para cada situación

El “liderazgo emocional” debería orientarse a influir en las emociones relacionadas con la productividad y el bienestar del equipo. Un estudio sobre las relaciones de pareja del Dr. John Gottman (Universidad de Washington), concluye que son necesarias 5 emociones positivas para compensar cada emoción negativa que generamos. Así pues, reforzar las cualidades positivas será la mejor manera de vencer las negativas, y esto es aplicable también al ámbito de la empresa, donde la productividad aumenta a medida que aumentan las emociones positivas.

Unos retos que se pueden conseguir por ejemplo con la gamificación o ludificación, un nuevo término que se usa para definir la utilización de herramientas de ocio y juegos para involucrar a las personas, motivar la acción, promover el aprendizaje y resolver problemas en el mundo empresarial. Es un camino a la mente abierta, un impulso a la creatividad. Un reto mayúsculo a la vez que imprescindible para cualquier empresa.

Como he dicho antes, para tener éxito hay que disfrutar, por lo que debemos crear un entorno adecuado en la empresa para que las personas puedan realizar su trabajo con compromiso. Y los valores que puede aportar el deporte, pueden ser un ejemplo a seguir para incorporarlos a la cultura de cualquier organización.

La fábula de los picapedreros

En la Europa de la Edad Media, uno de los trabajos más sufridos era el de los picapedreros que esculpían las piedras que luego conformarían catedrales y palacios. Preguntados por su trabajo, un primero responde “Pico piedras, no me pagan mal del todo”. A la misma pregunta, un segundo afirma “Me pagan a tanto la pieza, y como soy el más rápido, me gano también un sobresueldo”. Finalmente, un tercero responde “Estamos construyendo una catedral”. En la cantera algunos trabajan por un sueldo, otros por el reto de superar sus objetivos, y el resto están orgullosos de saberse constructores de catedrales.