La situación de confinamiento derivada del estado de alarma decretado a raíz de la crisis sanitaria del coronavirus ha afectado económicamente a muchas pymes y autónomos. En concreto, la Conca de Ódena ha sido uno de los territorios de Cataluña más perjudicados, puesto que se estableció un confinamiento perimetral en virtud del cual no podían ni entrar ni salir personas, y tampoco se permitía la circulación de vehículos en esta área geográfica a consecuencia del elevado número de contagiados por Covid-19.

Las empresas de la Conca de Ódena, en especial las pymes y también los negocios de muchos profesionales que forman parte del colectivo de autónomos, se han visto afectadas por el cierre, dejando de generar ingresos y manteniendo algunos gastos cotidianos. Estas empresas intentan sobrevivir adaptándose a estas nuevas circunstancias y trabajando para poder recuperarse económicamente lo antes posible. Algunas de ellas han impulsado medidas paliativas de todo tipo: implantación del teletrabajo, cambios en sus modelos productivos, ERTE, entre otras.

Cristina López es socia administradora de Emicontrol, gestiona la economía y también las finanzas, a la vez que desarrolla tareas de administración y de apoyo al departamento técnico comercial de esta pyme dedicada al control de las emisiones contaminantes de la industria. Esta empresa tiene sus inicios en 2010 y, con los años y siguiendo las exigencias del mercado, ha ido evolucionando y ha pasado por la figura de sociedad civil privada hasta acontecer una sociedad limitada en 2017. Con el inicio del estado de alarma y ante la situación de confinamiento total de la zona, la empresa sufrió un parón de parte de su actividad a causa del positivo por Covid-19 de uno de los miembros del equipo, en situación de baja laboral.

Ubicada en el polígono Las Comas de Igualada, cuenta con tres trabajadores, a pesar de que antes del confinamiento habían iniciado un proceso de selección para la contratación de nuevo personal. “Lo que más nos ha perjudicado de momento es que en el momento del confinamiento  nos encontrábamos a punto de finalizar el proceso de producción de dos equipos nuevos que teníamos previsto instalar en las plantas de los clientes a partir de la semana del 15 de marzo”, explica Cristina López antes de lamentar que este hecho ha producido la cancelación de estos trabajos, puesto que no han podido facturarlos. “Esto hace que no podamos pagar dentro de plazo a los componentes de estos equipos y, de momento, no sabemos cuándo lo podremos hacer”, asegura.

Así mismo, Emicontrol se ha encontrado con la situación de que algunos clientes les han solicitado una rebaja en las cuotas mensuales de mantenimiento de los meses de abril y mayo para ayudarles a evitar posibles cierres indefinidos. Por otro lado, Cristina comenta que han solicitado un préstamo ICO para prevenir la bajada de las ventas de aquí a finales de año: “Esto no nos ha gustado, puesto que no teníamos previsto endeudarnos en los próximos años”. “Creo que podremos volver a nuestra actividad en las instalaciones de nuestros clientes a medida que se vaya abriendo el confinamiento; por lo tanto, tenemos incertidumbre en cuanto al momento en que esto pasará y hay la posibilidad de que perdamos algún cliente. Nuestro principal reto ahora mismo es acabar las nuevas instalaciones pendientes para poder empezar a dar cabida a nuevos proyectos y rehacernos de la bajada de ingresos tan pronto como sea posible”, concluye.

Joan Vaquer es gerente de otra empresa de la zona, Damascotex, situada en Igualada y que desarrolla una actividad centrada en la producción de textil: colchones, tapicería para automoción, mantelerías y moda. Con 27 años de historia, este negocio familiar cuenta con 7 trabajadores que hacen trabajo en 3 turnos diferentes. “Con el confinamiento tuvimos que parar la producción mientras hemos seguido pagando gastos como los rèntings y los leasings”, dice el gerente de la empresa.

Además de solicitar un crédito ICO, que les han concedido, Damascotex inició un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) el 12 de marzo, como medida paliativa de los efectos económicos de la crisis del coronavirus. “En nuestro caso, no tendremos trabajo hasta que nuestros clientes no reactiven de nuevo su actividad. Cuando el momento llegue, estamos preparados para garantizar la seguridad y la salud de nuestros trabajadores porque ya hemos adquirido mascarillas, guantes y geles desinfectantes”, manifiesta Joan Vaquer.

Jordi Torra es gerente de Frutos Secos Torra, ubicada en Jorba. Explica que la empresa estuvo una semana cerrada, a pesar de prestar un servicio considerado esencial, puesto que forma parte del sector de la alimentación, y dice que “esto afectó a la actividad porque se dejó de ingresar dinero de muchos pedidos perdidos”. Por otro lado, comenta que Frutos Secos Torra hizo un ERTE inicial de toda la plantilla, después de los 26 trabajadores confinados en Igualada, y que lo han ido reduciendo de forma gradual con el levantamiento del confinamiento de la zona.

“Lo que más nos ha afectado ha sido la desinformación. Hemos garantizado los EPIs a nuestros trabajadores con mascarillas, guantes, protectores faciales y geles desinfectantes, y estamos ante un panorama incierto”, afirma, mientras alerta que parte de su facturación es hostelería, sector muy afectado. “Tenemos el reto de buscar nuevas fuentes de ingresos y estamos explorando alternativas como la venta online para no perder la campaña de Navidad o la de los panellets”, asegura.

Los miembros de estas tres empresas de la Conca coinciden en que las medidas impulsadas por parte de los gobiernos, tanto el catalán como el español, no son suficientes. “Creemos que todas las empresas ubicadas en la Conca de Ódena nos hemos visto muy perjudicadas, puesto que se nos hizo un confinamiento y no hay ayudas específicas por este motivo. Nos han obligado a cerrar y no nos han tenido en cuenta en las medidas de ayuda”, critica Cristina López de Emicontrol. Por su parte, Joan Vaquer de Damascotex cree que “la Administración Pública tendría que haber suprimido o reducido los elevados impuestos que pagan las empresas”.

Finalmente, Jordi Torra pone en valor la labor de las administraciones a nivel sanitario, pero cree que el cierre de la Conca “fue repentino e improvisado”, algo por lo que no pudo acceder a su empresa,y perdió toda la producción que tenía en curso. “Se tendría que haber hecho un cierre de forma escalonada. Además, nos hemos encontrado con contradicciones entre la administración y las fuerzas de seguridad a la hora de gestionar y de coordinar los movimientos por carretera de los miembros de las empresas consideradas como servicios esenciales”. “Después de la crisis de 2008 ahora nos encontramos con esto y costará rehacerse”, añade el gerente de Frutos Secos Torra.