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Una apuesta de futuro y un reto medioambiental

La ampliación del Aeropuerto de Barcelona es un proyecto que implicaría una inversión de 1.704 millones, algo que no se puede desestimar sin un análisis minucioso. En primer lugar, hay que destacar sobre el proyecto que quienes lo pagan son las compañías aéreas con las tasas, no el gobierno central, y que AENA no ha sido transparente. Además, supone una presión enorme con la fecha límite sin contar con un proyecto técnico detallado. La ampliación incluye diferentes actuaciones: la creación de una ciudad aeroportuaria, la construcción de una nueva Terminal Satélite, la adecuación de la Terminal T1, la conexión entre ambas terminales, la adecuación de otras zonas complementarias (aparcamientos y otros) y la conflictiva ampliación de la pista 07R/25L en 500 metros, la llamada pista lado mar. El problema de todo el proyecto es la prolongación de esa pista, puesto que ocupa la zona protegida de la Ricarda.

Hablamos de la posibilidad de que Catalunya pueda consolidarse como un gran Hub intercontinental, única vía para aumentar la conectividad de largo radio, de vital importancia para el desarrollo económico de Catalunya. No se trata solo de aumentar el número de pasajeros, se trata de poder incrementar las operaciones de acuerdo con las necesidades de un Hub de estas características: pasar de los 78 movimientos/hora a los 90 movimientos/hora y a una capacidad de 90 millones de pasajeros el año. Es lo que se denomina aumentar la capacidad del campo de vuelo. Para conseguirlo, hay dos opciones.

Por un lado, se podrían utilizar las pistas paralelas tal como se diseñaron, de manera independiente, de acuerdo con aquello que está previsto en el Plan Director y en la Declaración de Impacto Ambiental, sin obras relevantes en el campo de vuelo y sin afectar a espacios naturales protegidos, pero generando, posiblemente, una fuerte oposición de los municipios de Gavà y Castelldefels por el fuerte impacto acústico que tendría. Sin embargo, la obra estaría dentro de los límites permitidos y de los que AENA ya tiene autorización. Por otro lado, se podría optimizar la opción segregada alargando 500 m la pista del mar hacia el este, y eliminar las molestias por ruido en Gavà y Castelldefels. Justo es decir que ambas alternativas generan un importante impacto ambiental en los municipios del delta del bajo Llobregat, y resolver esto es condición necesaria para poder seguir avanzando en la mejor de las soluciones, teniendo en cuenta que la comarca ha acogido grandes infraestructuras como el AVE, el aeropuerto, la ampliación del puerto y todas las conexiones viarias que se derivan de las mismas, disfrutando de sus beneficios, pero asumiendo también de manera generosa las consecuencias de sus externalidades en forma de contaminación ambiental y acústica, la asfixia de la agricultura o la cicatriz paisajística.

Por todo esto, desde PIMEC proponemos la creación de una Mesa con todas las partes afectadas para no desestimar un proyecto tan importante sin un análisis detallado, escuchando la voz del territorio y previendo de manera prioritaria las compensaciones de los impactos ambientales y en el parque agrario. Esta propuesta la han recogido las partes y ya está en marcha, solo hace falta que AENA se abra a analizar todas las opciones para avanzar en el proyecto técnico. También apostamos por una gestión integral aeroportuaria km 0 desde Catalunya, aplicando el principio de proximidad en la gestión y potenciando el desarrollo integrado de los aeropuertos catalanes –los de AENA, Barcelona, Reus, Girona, y los de la Generalitat, Alguaire y Andorra – la Seu d’Urgell–, de forma que se cree una potente infraestructura aeroportuaria conectada, integrada y eficiente. Sería necesario, además, un gran aeropuerto catalán para las mercancías, y en este sentido seguramente el aeropuerto de Alguaire tendrá que jugar un papel central a la hora de potenciar la conectividad ferroviaria entre los diferentes aeropuertos, equilibrar flujos de pasajeros en función del destino, establecer una política de tasas coherente, etc.

Así mismo, es necesario abordar el problema ecológico que se puede plantear en el delta del Llobregat, alcanzando una solución que pueda aceptar la UE, puesto que se trata de la zona protegida Natura 2000. Todo ello, definiendo un proyecto que no debe limitar el desarrollo del Puerto de Barcelona como infraestructura que genera más competitividad en nuestra economía y teniendo en cuenta que la ampliación del aeropuerto es un proyecto de país, un reto capital para el desarrollo económico del conjunto de Catalunya y en el que hay que levantar la mirada para superar los posicionamientos coyunturales u oportunistas, así como las tentaciones de sacar partido más allá de su propósito y del beneficio común. Finalmente, hay que decir que esta debe ser la última ampliación del Aeropuerto del Prat, puesto que su ubicación hace muy complejo cualquier crecimiento de futuro y las próximas generaciones tendrán que prever a largo plazo un nuevo aeropuerto en una zona que no tenga tantas limitaciones de crecimiento.

Joan Soler, presidente de PIMEC Baix Llobregat–L’Hospitalet

Ignasi Sayol, presidente de PIMEC Logística – Clúster Logístico de Catalunya

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