Empoderamiento femenino: no al poder a cualquier precio

El pasado 8 de marzo celebramos un nuevo Día Internacional de la Mujer. Ese día, históricamente, se habla ampliamente de la igualdad de género.
Personalmente he defendido siempre, más que la igualdad, la equidad de género.
¿Y a qué me refiero cuando hablo de equidad de género?

Según el artículo 2 de la Ley 17/2015, del 21 de julio, equidad de género es la distribución justa de los derechos, los beneficios, las obligaciones, las oportunidades y los recursos en base al reconocimiento y el respeto de la diferencia entre mujeres y hombres en la sociedad.
Si hablamos de la distribución justa de derechos, beneficios, obligaciones, oportunidades y recursos, automáticamente estamos hablando de terceros, de aquellos que tienen la capacidad de distribuir o hacer distribuir de una manera justa.

Pero hoy no quiero escribir sobre la equidad de género. Hoy quiero escribir sobre mi visión personal del empoderamiento, y más concretamente sobre el empoderamiento femenino.
Según la enciclopedia catalana, el empoderamiento se define como el proceso por el cual individuos o grupos sociales recuperan e incrementan su capacidad de decisión y de liderazgo en relación con su propio desarrollo y su propio devenir.

En el caso de las mujeres, el empoderamiento femenino se entiende como el proceso a través del cual las mujeres nos transformamos en agentes activos de nuestras propias vidas personales y colectivas.

Una mujer empoderada es aquella que toma el poder para promover cambios en su situación personal y, a la vez, social. Para mí, supone una actitud frente a la vida.
Y esta actitud, ¿es innata o adquirida?

No tengo respuesta para esta pregunta; personalmente desconozco la teoría, pero sí conozco la práctica que me da la experiencia de una larga vida observando y conviviendo con otras mujeres. Las mujeres que actualmente me encuentro en mi entorno en posiciones de poder y responsabilidad son mujeres empoderadas nacidas en familias donde han tenido acceso a una educación prácticamente sin limitaciones ni diferencias por cuestiones de género.

Son mujeres que se han formado y trabajado teniendo muy claros los logros profesionales que querían alcanzar. Por el camino, muchas hemos sido madres, superando los obstáculos y trabas que la maternidad ha supuesto para nuestra carrera; ayer, hoy y posiblemente aún mañana.
La fortaleza, la seguridad, la confianza, la perseverancia, la generosidad, la valentía y la empatía son algunas de las cualidades de las mujeres empoderadas. Pero también lo es la responsabilidad de saberse referentes y de intentar que otras mujeres, que quizás no tienen esta actitud “de serie”, la adopten, la hagan suya y la incorporen en su ADN.

En más de una ocasión me he encontrado con mujeres de gran talento que, pudiendo dar un paso adelante para asumir un rol o un cargo relevante, se han mantenido al margen.
Desde aquí hago un llamamiento a las mujeres empoderadas para que, con los medios que tengan a su alcance, echen una mano a aquellas que, por los motivos que sean, no han conseguido dar el paso.

Yo creo firmemente en el empoderamiento femenino puesto que no depende de terceros. Depende de nosotras, las mujeres.

En nuestra sociedad, el empoderamiento es esta actitud, esta fuerza que te permite llegar allí donde tú te propongas, para conseguir aquellos roles o cargos de responsabilidad donde puedas aportar todo tu talento, conocimiento y experiencia.

Parecería que, una vez alcanzado este logro, ya hayamos llegado a la cumbre del empoderamiento. Pero no es así. Su expresión máxima es, en su caso, ser capaz de renunciar a este cargo de responsabilidad, que tanto nos ha costado conseguir, cuando el rol que se te exige no está alineado con tus principios, ideas y valores.

¡ al empoderamiento, NO al poder a cualquier precio!

 

Mireia Cammany
Vicepresidenta de PIMEC

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