En pleno despliegue de la Ley 10/2015, de formación y calificación profesionales, uno de cuyos ejes principales es la regulación y coordinación de las actuaciones en materia de acreditación de la experiencia profesional, es el momento de hacer un análisis de este instrumento, que responde a una verdadera necesidad de las personas, si se tiene en cuenta que hasta hace 3 años casi la mitad de la población activa en Catalunya no tenía acreditada su calificación profesional.

El proceso de evaluación y acreditación de competencias profesionales capacita a las personas que disponen de experiencia laboral o de vías no formales de formación para obtener un certificado de profesionalidad, un título de formación profesional o ambos reconocimientos.

En el ámbito de la Generalitat de Catalunya, este procedimiento es también conocido como Acredita’t, y se dirige a los trabajadores que durante años han desarrollado una profesión, pero que no tienen ninguna titulación oficial que ponga en valor su experiencia profesional. Estos procesos están actualmente regulados por el Real Decreto 1224/2009, que posibilita acreditar oficialmente las competencias profesionales y, en su caso, conduce a la obtención de los requisitos para ejercer la profesión de determinadas actividades reguladas. Así pues, la acreditación de competencias debe contribuir a avanzar hacia una mejor cualificación de las personas profesionales de cada sector. Las fases del procedimiento son las siguientes:

  • Etapa de información y orientación:

Esta primera etapa, no obligatoria pero sí muy recomendable, está destinada a la obtención de información sobre la naturaleza y las fases del procedimiento, los requisitos de participación, los derechos y obligaciones de los candidatos y las oportunidades de acreditación y sus efectos. Ofrece una orientación individual que permite decidir si se avanza en este proceso de acreditación, así como conocer qué otras medidas pueden adaptarse mejor a cada situación. La persona trabajadora puede dirigirse a un punto de información de la red.

  • Fase de asesoramiento:

En esta fase obligatoria, un asesor estudia el caso particular de la persona trabajadora y la ayuda a identificar a qué competencias presentarse y el itinerario formativo para completar su historial profesional. Como resultado de esta fase, la persona trabajadora recibirá un informe orientativo, donde se le recomendará a qué unidades de competencia puede presentarse con unas mínimas garantías de éxito y se le indicará el itinerario formativo necesario para completar su historial.

  • Fase de evaluación:

Durante esta fase la persona trabajadora, reconocida en este momento como aspirante, inicia la evaluación que le permite demostrar sus competencias mediante las evidencias documentales aportadas y la evaluación más adecuada desde el punto de vista técnico, generalmente mediante simulación o entrevista. Por último, una comisión de evaluación establecerá cuáles son las unidades de competencia superadas.

  • Fase de acreditación y registro:

Última fase en que se entrega al aspirante un certificado oficial con las unidades de competencias. La acreditación puede ser total o parcial y acumulable para la obtención de un título de enseñanzas profesionales o un certificado de profesionalidad.

En el caso de acreditar los conocimientos y las capacidades correspondientes a todas y cada una de las unidades de competencia que conforman un certificado de profesionalidad, la persona trabajadora obtendrá esta titulación una vez superada la acreditación. En caso de que la persona trabajadora quiera obtener un título académico de enseñanzas profesionales del ámbito educativo, y siempre que disponga de los requisitos académicos para el acceso a esta titulación, debe matricularse en un centro y solicitar la convalidación de los módulos asociados a las unidades de competencia acreditadas.

¿Qué aporta a la empresa este reconocimiento?

Además de la mejora profesional del capital humano que el proceso comporta, la acreditación de competencias favorece la mejora de la organización de la empresa, adecuando los perfiles a cada puesto de trabajo en base a la calificación demostrada por cada persona trabajadora; y consecuentemente, aumenta la competitividad de la empresa. El proceso, por lo tanto, se presenta como una oportunidad tanto para las personas trabajadoras como para los sectores productivos.

Esta es una de las pocas medidas en que actualmente se trabaja de manera integrada por parte de los dos subsistemas de la formación profesional, y en 2018 se avanzó también hacia la convocatoria de procesos a iniciativa de diferentes sectores, desde el Consorcio de Formación Continua de Catalunya, que permitirá, entre otras cuestiones, iniciar un proceso de acreditación por observación a las personas con discapacidad.

Con la puesta en marcha de la Agencia Pública de Formación y Calificación de Profesionales de Cataluña, corresponderá a ésta la evaluación y acreditación de competencias, integrando el actual Instituto de las Calificaciones Profesionales. Así mismo, con la creación de los centros integrales se prevé el establecimiento del servicio de acreditación de competencias profesionales de manera estable, lo que permitirá acceder a dichos centros sin depender exclusivamente de los procesos abiertos o de los de iniciativa probada, impulsados por los agentes sociales. Se puede encontrar más información en la web Acredita’t y en la web del Instituto Catalán de Calificaciones Profesionales.