Algunos foros económicos llaman “cisnes negros” a los sucesos inesperados, como la pandemia de la Covid-19, una especie de tormenta perfecta que ha puesto en jaque a todas las piezas del mercado: demanda, financiación, proveedores, producción, oferta y ventas.

Llevadas por el bloqueo de las operaciones comerciales, el desabastecimiento de las cadenas de suministro y la caída de los ingresos, muchas empresas se han visto obligadas a recurrir a renegociaciones con los partners, a reestructurar su deuda e incluso a solicitar moratorias y quitas. En definitiva, la pandemia ha dejado a muchos negocios indefensos frente a un mercado inestable, en el que proveedores y clientes están empezando a acumular desajustes en sus cuentas. Sus pérdidas e impagos pueden acabar arrastrando a otros actores del mercado.

Una vez superada la primera fase de la crisis, el acceso a la liquidez, las empresas deben afrontar ahora la segunda etapa: dotar de seguridad sus operaciones comerciales, especialmente las pymes, cuya estructura se ha visto debilitada por el efecto dominó de esta crisis. Contar con la garantía que da un seguro de crédito puede protegernos y evitar ese efecto contagio.

La prioridad, por tanto, es preparar y proteger a la empresa frente a los distintos escenarios que pueden aparecer en esta fase de desescalada. Por ejemplo, a través de la adaptación tecnológica para que el 100% de las gestiones diarias puedan hacerse online, lo que asegura la actividad incluso en circunstancias de confinamiento. La monitorización de clientes y riesgos, para no perder detalle sobre los balances y la situación económica de socios y proveedores, muy castigados en estos momentos, es otra recomendación crucial, igual que diversificar y buscar nuevos mercados. Todas estas precauciones son indispensables para garantizar la continuidad de la actividad empresarial, ya que un rebrote puntual del virus puede obligar a paralizar, de nuevo, una o varias líneas de negocio.

Poner la seguridad en el radar de nuestras ventas, dotándolas de protección con instrumentos como CESCE Fácil, por ejemplo, es, más que nunca, una prioridad para garantizar la supervivencia comercial de las empresas que venden a crédito. Porque su éxito comercial va a depender, sin duda, de cómo se preparen frente a la llegada de nuevos acontecimientos imprevistos.