Durante demasiado tiempo se ha hecho caso omiso a un problema estructural de nuestro país como es el de las bajas laborales. Es solo una parte de la problemática del absentismo laboral en las empresas, pero una parte que ha acabado convirtiéndose en un problema económico para el país, de competitividad para las empresas y, especialmente, en un problema social para las personas trabajadoras.
Económico por las estremecedoras cifras de los costes que tiene para nuestro país, para el sistema de seguridad social y para el sistema sanitario. De competitividad porque el aumento de las horas perdidas por bajas laborales y de su incidencia genera, por un lado, costes directos e indirectos para las empresas que les hacen perder competitividad y, por otro, costes de oportunidad muy altos. Social porque, además de los déficits de gestión y de falta de aprovechamiento de la infraestructura sanitaria, genera demora en los procesos de recuperación de las personas y en su reincorporación a la actividad.
Un problema multifactorial que se explica por los déficits de la atención primaria, por la falta de eficiencia y por la burocratización de la atención médica, entre otros. Pero una cuestión que, a veces porque ha parecido políticamente incorrecto hablar de ello –en el fondo hablamos de salud de las personas–, y otras porque el resto de los agentes sociales o las administraciones se han cerrado al debate, ha sido olvidada. En cualquier caso, una cuestión que, por no afrontarla, no hemos hecho más que agravarla, sobre todo después de la pandemia.
Los últimos cambios legislativos en materia de gestión de las bajas laborales, juntamente con algunas incidencias como la propuesta de las “autobajas” expresada en algún momento, han reabierto el debate, al tiempo que se han añadido a las inquietudes manifestadas por muchas empresas en las diferentes jornadas y encuentros que venimos realizando en todo el país y sectores. Y fruto de esto hemos tomado la iniciativa de llevar a cabo el estudio, el análisis que hemos explicado en esta revista y que iremos compartiendo en los próximos meses.
Y poniendo voz a vuestras inquietudes, ¡decimos basta! Decimos basta a dar la espalda a este problema tan importante, que a su vez va en aumento por la descoordinación o, a menudo, o por no adoptar medidas de sentido común, algunas de las cuales, incluso, no tienen coste económico. PIMEC asume el reto de explicar los datos, los problemas, de analizarlos, y, después de la reflexión técnica y de escuchar vuestras opiniones o inquietudes, en los próximos meses elaboraremos una serie de propuestas que pondremos sobre la mesa de todos los espacios de participación y representación en los que estamos presentes.
Explicamos datos objetivos que permiten concluir que estamos ante un problema de tal dimensión que requiere la atención de todos, partiendo de la convicción de que tal vez nuestras propuestas no son las únicas, pero que, en todo caso, operadores y agentes también deben hacerlas y debemos abrir los espacios para afrontarlo. La cuestión no admite más silencios.
PIMEC se pone en acción para abrir el debate sereno, responsable, el diálogo y la concertación, porque con las aportaciones de todo el mundo procuramos poner remedio a un problema que hace demasiado tiempo que se deja de lado pero que compartís mayoritariamente todos y todas. Y justamente por eso, y porque ésta es la razón de ser de nuestra entidad, asumimos la responsabilidad de ponerle voz para abrir el debate público que necesita.
