Las conmemoraciones son siempre una buena excusa para reflexionar y hacer balance, y este mes de mayo tenemos dos conmemoraciones europeas: el 9 de mayo es el Día de Europa y el 12 celebramos el Día Europeo de la PYME. Este 2019, además, llegamos al final de la actual Comisión Europea; momento propicio, por lo tanto, para valorar lo que se ha hecho y lo que ha quedado pendiente.

Cuando el presidente Juncker asumió el cargo, en 2014, marcó 10 prioridades. La unión energética y la acción por el clima figuraban, desde el comienzo, entre estas prioridades, y cinco años después el balance que hacemos de lo que se ha conseguido en estos ámbitos es francamente positivo. En el exterior, la Unión Europea tuvo un papel clave y de liderazgo para llegar al Acuerdo de París y ha trabajado intensamente para lograr los compromisos necesarios para que lo que se acordó se haga realidad. En el interior, hemos lanzado una serie de medidas legislativas que nos permiten contar con el marco regulador más avanzado del mundo en cuanto a la eficiencia y la seguridad energética y que sitúa a la UE en una posición de liderazgo para acelerar y facilitar la transición hacia las energías limpias.

Una de las propuestas legislativas que ya está en vigor es la directiva sobre la eficiencia energética de los edificios. Es una legislación que han tenido que transponer todos los estados miembros y que implica que, a partir de 2021, todas las nuevas construcciones que se hagan en la UE tendrán que ser edificios con un consumo energético casi nulo. Los edificios son responsables de aproximadamente un 40% del consumo energético y de un 36% de las emisiones de CO2 de la UE. Actualmente, un 35% de los edificios existentes en la Unión tienen más de 50 años y tres cuartas partes de ellos son energéticamente ineficientes. Aun así, solo se renueva entre un 0,4 y un 1,2% del stock inmobiliario cada año. Por eso, la directiva también apuesta por impulsar la renovación, igualmente con criterios de eficiencia energética. Mejorar la eficiencia energética en la construcción –tanto en obra nueva como en rehabilitación–, además de ahorrar energía puede generar otros beneficios económicos, sociales y ambientales. Los edificios eficientes ofrecen niveles más altos de confort a quienes viven en ellos y mejoran la salud gracias a la disminución de los problemas que genera una mala ambientación interior. La mejora de la eficiencia energética y el ahorro en los consumos puede ayudar a muchos hogares europeos a erradicar la pobreza energética. Justamente, el premio de Arquitectura Contemporánea de la UE-Premio Mies Van der Rohe de 2019, que se otorgó hace pocos días en Barcelona y que es el galardón de arquitectura contemporánea más importante de Europa, lo ha ganado un proyecto de renovación de 3 edificios de viviendas en Burdeos que se ha construido con criterios de eficiencia energética y que ha conseguido mejorar el confort térmico, reducir el consumo y ganar luminosidad a las 350 viviendas que forman parte de estos bloques.

Además, la inversión en eficiencia energética estimula la economía, de manera especial en el sector de la construcción, que genera aproximadamente un 9% del PIB europeo y es responsable directo de 18 millones de puestos de trabajo. Las pequeñas y medianas empresas se pueden beneficiar particularmente de estos estímulos, dado que su contribución al valor añadido del sector de la construcción en la UE supera el 70%.

Con motivo de Construmat’19, el 16 de mayo la Comisión Europea ha organizado un taller sobre la eficiencia energética en la construcción donde se abordarán temas como las innovaciones digitales en el sector de la construcción; la directiva europea sobre la eficiencia energética de los edificios, y la digitalización y las competencias digitales necesarias para los profesionales de la construcción. Invito a todos aquellos que estéis interesados en el tema a participar. Será también un buen momento para hacer balance sobre los avances conseguidos en el camino que nos hemos marcado hacia una Europa más sostenible y más eficiente energéticamente.

Ferran Tarradellas, director de la Representación de la Comisión Europea en Barcelona