La liberalización del mercado eléctrico europeo posibilita competencia de generadores de energía en el mercado. Así, en pocos años, hemos pasado de un sistema con muy pocos generadores de energía y todos ellos de gran potencia, a un escenario con más de 55.000 puntos de generación distribuida por todo el estado español inyectados en la red de distribución. Hablamos del autoconsumo energético en régimen de balance neto.

El coste del kWh

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Autoconsumo energético

En paralelo, la reducción de los costes de las tecnologías de energía renovable, hace que progresivamente el coste del kWh generado con estas tecnologías, como por ejemplo fotovoltaica o mini eólica, se aproximen cada vez más al coste de compra de la energía por parte del usuario final, posibilitando el autoconsumo de energía, con una justificación económica para sí mismo, sin necesidad de primas ni subvenciones.

Esta tendencia lleva a un cruce de ambas curvas (coste de compra versus coste de de autogeneración) progresivamente, momento que se conoce como “paridad de red” o “GridParity “.

Con los actuales precios de la electricidad, el periodo de amortización del coste de una instalación fotovoltaica puede estar entre seis y ocho años.

El momento de generación y el momento de consumo de la energía eléctrica pueden no coincidir en las franjas horarias del mismo usuario-productor. Por lo tanto, el usuario debe estar conectado a la red, recibiendo electricidad cuando consume más de la que produce y volcando electricidad cuando produce más de lo que consume.

El balance neto consiste en un régimen en el que se establece un periodo, por ejemplo de 12 meses, en el que se calcula la diferencia entre la energía producida y la consumida y el usuario paga por esta electricidad.

Paradójicamente, esta modalidad de consumo aún no está regulada en España, cuando supondría ahorro para el usuario, contribuiría a producir energía cerca de donde se consume, a hacer más eficiente el sistema ya reducir nuestra dependencia energética.