El trabajo está transformándose debido a múltiples fuerzas del entorno que exigen de las empresas adaptaciones para seguir siendo competitivas y mantenerse en el mercado. Entre los cambios más importantes están los tecnológicos, en especial los derivados de la digitalización, la globalización que plantea mayor competencia a las empresas. También los demográficos, en especial la diversidad cultural, de género y edad de los trabajadores que requieren diversas actuaciones para facilitar la productividad.
Las adaptaciones a estos cambios replantean las condiciones de trabajo, su propia organización, los puestos y las tareas que se han de desempeñar, surgiendo nuevas formas de trabajo, como el teletrabajo. Se requiere cada vez más flexibilidad en aspectos temporales, espaciales y de localización, y en cualificaciones, habilidades, etc. y son frecuentes las exigencias de formación continua para que un trabajador se mantenga empleado y empleable.
En este contexto, emergen nuevas condiciones laborales que son una amenaza para la salud de los trabajadores. No son, por lo general, riesgos físicos sino psicológicos y sociales que producen estrés y pueden deteriorar el bienestar del trabajador y su salud mental y también la física. Muchas veces la experiencia de estrés negativo surge cuando el trabajador se da cuenta de que no tiene suficientes recursos personales o externos para responder a las demandas que tiene que atender. Por ejemplo, la sobrecarga mental excesiva, la monotonía en las tareas, el acoso psicológico o sexual en el trabajo…
Todas estas situaciones, cuando las viven los trabajadores sin poder hacerles frente con eficacia, se hacen crónicas aumentando la probabilidad de producir tensión psicológica, ansiedad, angustia y trastornos psicosomáticos como los problemas de sueño, molestias musculoesqueléticas, o gastro-intestinales, hipertensión y aumento de conductas nocivas como fumar, con implicaciones negativas para la salud. Las consecuencias de todo ello, si no se previene ni ataja, es la enfermedad de los trabajadores, las bajas laborales, y también costes para la empresa que pueden afectar de forma importante a sus resultados y productividad.
Para identificar y evaluar los riesgos existentes en una empresa, su incidencia y severidad sobre los diferentes puestos y unidades de trabajo, existen metodologías fiables y válidas. En ocasiones se utilizan técnicas cuantitativas como las encuestas, en otras cualitativas como la observación o las entrevistas, y también se puede realizar una combinación de ambas técnicas.
Una vez analizados se hace un informe constando los resultados obtenidos y en él se ofrecen recomendaciones para que la empresa pueda elaborar y poner en práctica un plan de acción preventivo sobre los riesgos peligrosos identificados.
Las empresas, también las pymes, tienen la responsabilidad y obligación de realizar el análisis de riesgos psicosociales, y desarrollar consiguientemente actuaciones de prevención, para asegurar la salud de sus trabajadores/as en el desempeño de su trabajo. Con frecuencia, las metodologías se han desarrollado para las grandes empresas resultando inadecuadas para la evaluación de los riesgos en pequeñas o medianas empresas. Por esta razón PIMEC viene desarrollando un programa para desarrollar una metodología más ajustada a las necesidades de las pymes.
Las exigencias legales obligan a las empresas a disponer de un informe con el análisis de los riesgos psicosociales identificados en la empresa. Además, se requiere un plan de prevención de dichos riesgos. De hecho, la inspección de trabajo tiene una instrucción en la que se plantea la realización de inspecciones sobre estas cuestiones.
Ahora bien, la razón y el interés principal deriva de la protección de la salud de los trabajadores. Las empresas, han de procurar ofrecer entornos y condiciones saludables para la realización de su trabajo y no deben ser una parte del problema del deterioro de la salud de sus trabajadores sino todo lo contrario. Mejorar el bienestar laboral y la salud mental de los trabajadores pude traducirse en un aumento de la productividad y de la calidad de los productos y servicios.
José M. Peiró. Catedrático Emérito de la Universitat de València
