Con motivo de la semana de los horarios, PIMEC valora positivamente todas las actuaciones que se están llevando a cabo dentro del contexto de la reforma horaria, tanto desde la iniciativa privada como por parte del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, y en las que venimos participando como agente social más representativo en el entorno del Consejo de Relaciones Laborales.

Es de gran importancia la labor de sensibilización de los órganos de gestión de las empresas para obtener una racionalización horaria que haga posible la conciliación de la vida personal, familiar y laboral, y, a su vez, una optimización del tiempo de trabajo que favorezca la corresponsabilidad de las personas trabajadoras.

Somos conscientes de que una mejora en esta cuestión, que incremente la satisfacción de las personas trabajadoras y a la vez se adapte a las necesidades de las empresas según sus sectores de actividad y a las de sus clientes, redundará en una mejora de la productividad del trabajo y favorecerá la economía en general, al tiempo que revertirá en un mayor compromiso por parte de las personas trabajadoras.

Una reforma horaria que revierta en beneficio de las empresas catalanas y sus trabajadores/as, apostando de forma consensuada por la conciliación y el equilibrio entre la vida personal y laboral se traducirá en una mejora de la productividad, de la calidad de los procesos, del clima laboral y del grado de cumplimiento de los objetivos de las empresas, además de tener un efecto en la reducción del absentismo laboral.

Desde el punto de vista de las personas trabajadoras, la conciliación mejorará su bienestar personal, familiar, profesional y social, reduciendo su estrés y mejorando su calidad de vida en general. Esto supondrá un incremento de la motivación y de la implicación de los trabajadores/as con los objetivos de la empresa, y muy probablemente también un mayor rendimiento productivo.

Es importante poner de relieve dos cuestiones que son fundamentales para conseguir que una reforma horaria pueda salir adelante de forma satisfactoria, con un grado de cumplimiento elevado y de forma sostenida en el tiempo, sin pasos atrás ante cambios en la coyuntura económica o por otros motivos. Estas serían:

La primera, tener presente que no se puede exigir una reforma horaria uniforme, que no atienda a las múltiples especificidades que caracterizan cada sector, y a la misma velocidad en todos los ámbitos de actividad, puesto que entonces los beneficios potenciales anteriormente descritos no se llevarán a la práctica, e incluso pueden surgir problemas adicionales lesivos para la economía.

Deben ser compatibles –y existe margen para hacerlo– las necesidades de nuestro tejido empresarial con las de las personas trabajadoras, ajustando en cada caso las medidas a adoptar, y sin olvidar la composición de nuestro tejido productivo que, todavía hoy, lucha por recuperar el terreno perdido durante la reciente crisis económica.

Así mismo, se deben tener en consideración las necesidades de cada sector y empresa en función de las particularidades de su actividad, las demandas de los consumidores (cada vez más exigentes, variadas y cambiantes), la dimensión empresarial que caracteriza nuestra oferta (un 94% de las empresas catalanas tienen menos de 10 trabajadores), la coyuntura económica en la que se encuentra cada sector (con sectores en crecimiento y sectores que se repliegan), o el grado de internacionalización de las actividades de las empresas.

En este sentido, en PIMEC somos conscientes de que esta reforma horaria tendrá éxito si es gradual, tomando algunos sectores como motor de cambio (las escuelas, ciertos ámbitos de la Administración Pública y algunas oficinas, por ejemplo), e introduciendo y ampliando el cambio de hábitos de la población.

Posteriormente, hay que fomentar la adaptación progresiva de otros sectores que están más obligados a seguir los hábitos de la población (como, por ejemplo, el comercio, la restauración, el ocio o la cultura). Solo si se realiza este esfuerzo de adaptación y equilibrio se podrá garantizar un cambio efectivo, con aplicación real sobre el terreno y sostenida en el tiempo.

La segunda cuestión es la comunicación de los beneficios que comporta la reforma horaria, parte consustancial de la misma, y que hay que llevar a cabo con mucha pedagogía, con información rigurosa, utilizando un discurso que transmita equilibrio y gestionando adecuadamente las expectativas de todos los grupos de interés afectados.

Por último es indudable que, para que una reforma de estas características tenga éxito, debe ser transversal, y se tiene que producir (aunque los ritmos sean diferentes) en todos los sectores de la sociedad catalana. Así, afectará a Administraciones Públicas, empresas, trabajadores/as, escuelas, familias, al tercer sector social, al mundo de la cultura, de la salud, del comercio, del ocio, del turismo y la hostelería, de los medios audiovisuales, etc., teniendo en cuenta nuestras costumbres y nuestra realidad geográfica. Hay que tener muy presente nuestro contexto cultural, nuestras circunstancias climatológicas y socioeconómicas, entre otras cuestiones, para no replicar modelos de países muy diferentes sin las adaptaciones que nuestra población demandará.