Durante los últimos dos años, el Índice de Precios al Consumo (IPC) presentó una variación interanual negativa en dieciséis mensualidades en Cataluña y veintidós dos al conjunto del Estado. Esto ha llevado a que la inflación anual fuera negativa al 2015 (-0,2%) en el caso catalán, y tanto el 2014 como el 2015 en el caso español (-0,2% y -0,5% respectivamente). Esta situación ha hecho que en varias ocasiones se hablara de deflación.

Recordemos que se entiende por deflación una caída generalizada de los precios y que para que se produzca se entiende que este signo negativo debe ser prolongado en el tiempo

Así pues, se podría entender que se han cumplido las condiciones para hablar de este fenómeno poco habitual. Pero a pesar de lo que pueda parecer, hay contradecir esta suposición por el siguiente motivo: la caída de los precios no es generalizada, sino fruto de trabajar con medias.

Una clara evidencia de ello es que entre julio de 2014 y julio de 2016 los meses en que la inflación subyacente, aquella que no tiene en cuenta el precio de los carburantes ni los alimentos, ha sido negativa se ha limitado a tres ocasiones.

La mayoría de los productos han presentado una inflación muy moderada pero positiva

Es decir, la mayoría de los productos han presentado una inflación muy moderada pero positiva. De modo que exceptuando principalmente los carburantes, el conjunto de bienes y servicios han mantenido los precios prácticamente invariables, pero sin reducciones.

Por tanto, las familias y las empresas habrán visto como algunos productos encarecían y otros disminuían, principalmente los derivados del petróleo pero no había una caída generalizada.

En los últimos meses se ha iniciado una cierta corrección de la tendencia descrita, con una menor reducción de los precios de los carburantes y un reducido crecimiento en los precios del resto de bienes y servicios.

La combinación de estos dos hechos nos indica que:

  • Ante un posible encarecimiento de los carburantes se plantea la necesidad de seguir buscando alternativas a este producto, evitando unos precios muy fluctuantes y que, por tanto, genera incertidumbres sobre los costes de producción y la renta disponible de las familias. Además del hecho de que tiene un impacto negativo sobre la balanza exterior y unos impactos perniciosos a nivel ambiental.
  • Siguen siendo necesarias medidas de impulso de la demanda y la actividad económica para que la moderación de los precios es una muestra de una recuperación todavía débil aunque sostenida desde 2014 como se observa en los principales indicadors de coyuntura.

Con todo, las empresas no tienen motivos para condicionar sus inversiones a la evolución de los precios ya que si nos fijamos en la índice de precios industriales , observamos como los bienes intermedios y los productos energéticos presentan una evolución negativa, pero que los bienes industriales de consumo y de equipamiento presentan unos precios prácticamente invariables en los dos últimos años.

Y del mismo modo, las familias no deberían condicionar sus compras en los precios ya que a excepción de algunos productos concretos, los precios siguen una tendencia más bien plana pero positiva, y por tanto, el retraso en la decisión de compra no permite adquirir bienes y servicios más baratos, como se presupone en una situación de deflación.