¿Cuál es la diferencia entre un equipo motivado y un desmotivado? ¿Qué hace que en algunas organizaciones sólo unas pocas personas estén “enchufadas” mientras que la mayoría ha desconectado, y en otros en cambio la balanza sea al revés? ¿Quien tiene la llave de la motivación?

¿Qué importancia tiene el clima laboral?

¿Es una cuestión de talento o va más allá?

¿Por qué algunas organizaciones destacan por una mayor cooperación, orientación al cliente, actitud positiva y satisfacción, y, incluso, por qué en una misma organización hay equipos con importantes diferencias en su rendimiento y aportación de valor?

Hace unos días hablando con el gerente de una mediana empresa, me transmitía su preocupación por tener personas comprometidas e implicadas.

Cuando le pregunté por su estrategia en gestión de personas me respondía que las personas tienen que venir motivadas de casa, y que si no es así él no puede hacer nada. Así pues, cada uno llevaría una especie de botella de motivación que llenaría antes de salir de casa? ¿Y la fuente de casa es inagotable?

 Esta es una de las cuestiones que a menudo nos planteamos cuando gestionamos personas. En este caso, si incorporamos un nuevo trabajador con talento, motivado e ilusionado por trabajar con nosotros, ¿por qué pasado un tiempo deja de estarlo y entra en un estado de letargo e indiferencia? Cuando nos encontramos en esta situación, un buen proceso de selección no es garantía de éxito.

Así pues, de quien depende?

Está claro que los trabajadores no pueden esperar que la motivación les venga dada por la empresa, porque al fin y al cabo, cada uno tiene su propia clave de la motivación y decide si enciende el motor o no, pero una vez encendido, ¿quien hace que pongamos la primera, la quinta, o simplemente nos quedamos en punto muerto? La respuesta está clara, el entorno.

Una de las consecuencias de no gestionar la motivación de nuestros equipos es la rotación , o peor aún, tener personas que no van porque no encuentran nada mejor.

Si la empresa no tiene las herramientas para integrar, comunicar y desarrollar, no podrá contagiar ilusión, entusiasmo y mucho menos la pasión por el proyecto que impulsamos desde dirección

Por ello, es necesario incorporar políticas de gestión de las personas en nuestra estrategia de negocio. Esta gestión supone una inversión sobre todo en tiempo, y un cambio de mentalidad , pero será la que marcará la diferencia.

Y vosotros, ¿tenéis la clave de la motivación? ¡Cuéntanoslo!