El 13 de marzo del año 1925 se fundó la empresa de transporte Soler y Ribas. En aquel momento, Cataluña se encontraba bajo la dictadura del general Primo de Rivera, que impulsó un decreto por el que los transportistas de viajeros que explotaban servicios en competencia se tenían que unir. Isidre Soler i Rosa Ribas, que ofrecían servicio entre Avinyonet y la estación de tren de Molins de Rei, crearon la empresa familiar que este año ha celebrado su centenario.
Después de la muerte de Rosa Ribas, que dejó su participación a su sobrino, Jaume Sauret, la empresa cambió de nombre para pasar a denominarse Soler y Sauret. Era la época de la Guerra Civil y, más tarde, de la II Guerra Mundial. En Cataluña se requisan autobuses, a pesar de que la empresa se colectiviza y se mantiene operativa.
Podemos decir que la trayectoria de la compañía ha ido estrechamente ligada a los cambios políticos, económicos y sociales del territorio, pero su consejero delegado, Joan Soler, destaca dos puntos de inflexión. Por un lado, el boom demográfico del Baix Llobregat, que tuvo lugar entre los años cincuenta y sesenta, de forma que a mediados de siglo la población de la comarca se duplica. “Durante aquel periodo hay trabajo; la gente no puede adquirir coches, pero tiene la necesidad de desplazarse. Es entonces cuando la compañía experimenta un proceso de crecimiento importante”, explica Joan Soler. Después de este crecimiento demográfico, se produce uno de los momentos más difíciles de Soler y Sauret: la crisis del petróleo de los años setenta. Y es que, a pesar de esta crisis, la gente empezó a tener vehículo privado y a dejar de utilizar tan a menudo el transporte colectivo.
La empresa tuvo que hacer recortes en sus servicios, además de comprar vehículos con menos capacidad y de aplicar medidas de ahorro para poder afrontar la inflación provocada por la crisis del petróleo y la bajada de usuarios. Esta crisis fue acompañada de huelgas generales en los setenta, “reivindicaciones entendedoras de los trabajadores, pero difíciles de gestionar por parte del tejido empresarial, puesto que vivíamos una crisis económica muy fuerte”, afirma Joan Soler.
El segundo punto de inflexión para Soler y Sauret se produjo a partir de los años noventa, cuando se consolida la decisión política de apostar por el transporte público. El año 1993, la empresa inicia una nueva etapa de crecimiento y expansión, se abren nuevas líneas, se mejoran los servicios y se empieza a hacer la prestación de servicios urbanos de la mano del Área Metropolitana de Barcelona. El consejero delegado de la empresa explica que “la administración da un paso adelante, el transporte de viajeros recibe, en las siguientes dos décadas, un impulso muy importante con más recursos que permiten la mejora de los servicios, del material móvil y la integración tarifaria. Todo ello hace que se vaya incrementando el uso otra vez, de manera muy notoria en el ámbito metropolitano y en toda la provincia de Barcelona.”
Si nos acercamos a la actualidad, Joan Soler tiene muy claro uno de los momentos más importantes para la empresa: la crisis del Covid-19. El transporte colectivo, como servicio esencial, continuó saliendo a las calles a pesar del confinamiento. “En un primer momento, el personal de Soler y Sauret no disponía de EPIs, nos adaptamos como pudimos y todas las personas de la empresa dieron una respuesta ejemplar”, dice Joan Soler, quien también destaca el apoyo institucional recibido con las ayudas y los instrumentos que dieron “algunas garantías para poder sostener a la empresa y dar el mejor servicio, a pesar de tener la mayor parte de la flota parada”.
Una vez llegados a los 100 años de historia, Joan Soler analiza algunos de los retos que la empresa y el sector del transporte tienen por delante. Uno de los más importantes es la descarbonización de las flotas y la apuesta por los autobuses eléctricos, que se han incorporado recientemente a Soler y Sauret. En este sentido, la compañía continúa trabajando por la innovación y las prácticas sostenibles, incorporando nuevas tecnologías con autobuses híbridos y eléctricos que reducen las emisiones de CO?. Otro reto que destaca el consejero delegado de la empresa es la mejora de las infraestructuras en la comarca. “Para poder prestar un mejor servicio, puntual y con buenas velocidades comerciales, hace falta que el transporte urbano y por carretera pueda operar con unas infraestructuras adecuadas y adaptadas a los momentos actuales”, afirma Joan Soler.
También reclama una mejor financiación de los servicios de transporte público. Soler remarca que “la nueva ley de movilidad sostenible tiene que garantizar un modelo de financiación estable y equitativo para el transporte público y la movilidad sostenible, con posibles medidas como la fiscalidad verde o la contribución de los sectores más contaminantes”, y finalmente comenta la necesidad de mejorar el modelo de contratación pública, en que se intenta garantizar un entorno competitivo pero alguna vez esto ha ido en detrimento de la calidad.
El futuro de Soler y Sauret
La compañía mira al futuro con motivación, ilusión, y el objetivo de continuar prestando el servicio de transporte colectivo en la comarca. “Tenemos la misión de mantener y mejorar la prestación del servicio para que el transporte público sea más eficaz, más seguro y más sostenible, garantizando el derecho a la movilidad como instrumento de progreso y de equidad social”, explica el consejero delegado. Los próximos años, Soler y Sauret quiere continuar desarrollando el proceso de descarbonización de sus flotas y apostar, todavía más, por la digitalización, mejorando algunos de sus procesos con herramientas que antes no tenían. Además, el negocio familiar empezará a plantear el relevo generacional a la empresa, que actualmente ocupan Joan Soler, que es la cuarta generación, y Frederic Sauret, como tercera generación.
Soler y Sauret ha compartido itinerarios durante 100 años con personal, administraciones y viajeros, que han hecho posible que la empresa celebre este hito histórico el 2025. Actualmente, la empresa dispone de un equipo de 260 colaboradores y una flota de 130 vehículos que cada año hace 6 millones de kilómetros y transporta 8,5 millones de viajeros. El centenario de Soler y Sauret es un ejemplo de una empresa del sector del transporte que se ha adaptado a todos los cambios y momentos históricos, ha crecido y se ha comprometido firmemente con la movilidad pública, sostenible y de calidad.
