Esos seres extraños llamados “empleados”

Esos seres extraños llamados “empleados”, una historia con la que nos encontramos a menudo:

“Directivo bien formado en escuelas de negocio no sabe liderar”

Son las 9:15 de la mañana. Con los párpados todavía peleando por abrirse del todo, Enrique entra en el ascensor que le conduce a la planta 5 del edificio donde trabaja. En esa planta se encuentra el departamento de finanzas, área que Enrique dirige desde hace 4 años.

Mientras el ascensor sube lentamente, Enrique no puede evitar pensar qué novedades le deparará el día. Como director formado en escuelas de negocio, no le preocupan demasiado las cuestiones técnicas que puedan acontecer pero, por lo que respecta a las personas… ¡ay, por lo que respecta a las personas! ¿Por dónde saldrán hoy? ¿Qué problemas le plantearán? ¡¿Por qué demonios no vendrán un con libro de instrucciones?!

Planta 3 y subiendo. Enrique está frente a la puerta del ascensor. Traje oscuro, camisa blanca y corbata azul, como marcan los cánones.

Planta 5. El ascensor se detiene con un suave tirón, esos tirones de ascensor que hacen que tu estómago siga subiendo mientras el resto del cuerpo se ha detenido. Están a punto de abrirse las puertas y Enrique traga saliva.

Esos «seres extraños» llamados empleados a los que, por más que se esfuerce, Enrique, no comprende.

Se abren las puertas. Frente a él, un equipo de 8 personas al que dirigir. Enrique toma una respiración profunda, de esas que suenan a resignación y se encamina hasta su mesa de trabajo. Enfrente, esos «seres extraños» llamados empleados a los que, por más que se esfuerce, no comprende.

¿Por qué no hacen lo que se supone que tienen que hacer? ¿Por qué no lo hacen de la manera como él les indica? Después de todo él es una persona brillante técnicamente, muy bien formada en escuelas de negocio de prestigio y con un conocimiento de la organización extraordinario. Eso debería bastar, ¿no? Pues parece que no.

Si él es capaz de entender y dar sentido a un mar de números y de variables; si es capaz de extraer conclusiones y tomar decisiones después de analizar múltiples y complejísimos modelos, ¿cómo es posible que sude tinta cada vez que tiene que lidiar con algún aspecto relacionado con su equipo?

empleados-10A Enrique, hay situaciones que le sacan de sus casillas. Por ejemplo, ¿por qué narices tiene que dedicar tiempo a convencer a nadie de su equipo de lo que hay que hacer si él sabe lo que hay que hacer? Para eso es el jefe. O, ¿qué es eso de mantener reuniones con los empleados para ver cómo están o cómo se sienten? ¡Cómo se van a sentir, pues bien! ¿Es que no cobran religiosamente a fin de mes?

El problema de Enrique no es sólo que no entienda nada que tenga que ver con las personas, sino que sufre por ello. Al fin y al cabo él es una buena persona que, por encima de todo, quiere hacer bien su trabajo. Sabe que la gestión de su equipo es fundamental y no es que no quiera hacerlo, es que no sabé cómo hacerlo.

Aunque ha asistido a numerosos cursos de formación en liderazgo en los que le han explicado que debe convertirse en líder en vez de en gestor y en donde ha trabajado algunas técnicas concretas, las siente ajenas a su realidad porque no les encuentra acomodo ni sentido dentro de su manera de entender la dirección de un departamento. Piensa que esas teorías y técnicas están muy bien para empresas yanquis, pero que en la suya son inverosímiles. Además, ninguna de ellas le ofrece la solución a su problema: encontrar el libro de instrucciones de las personas!

empleados-11Así que Enrique, un día más, sentado en la silla de su despacho, intentará por todos los medios relacionarse lo menos posible con esos seres extraños llamados «empleados». Tal vez alguna indicación por aquí, alguna orden por allá o alguna petición por acullá. Ojalá que no tenga que tratar con alguna de esas situaciones que tanta pereza le da.

¿Por qué no se ocupará de esos Recursos Humanos? Se supone que para eso está, ¿no?

Puede que pienses que la situación que acabo de describir es particular de Enrique, pero lo cierto es que conozco y he trabajado con muchos «Enriques» y «Enriquetas». Personas, buenas en su mayoría, pero que miran a sus colaboradores y ven lo mismo que veo yo si me enseñasen la consola de una nave espacial: algo extraño, complejo y que no entiendo.

Quienes nos dedicamos a los recursos humanos y, específicamente a la formación y al coaching, con los «Enriques» y «Enriquetas» de nuestras organizaciones deberíamos comenzar por la base, por mostrarles el libro de instrucciones de las personas y abrirlo por el primer capítulo:

Capítulo 1. Las personas tenemos 3 necesidades psicológicas básicas:

  1. La de sentirnos queridos, respetados y atendidos como individuos únicos.
  2. La de comprender lo que está pasando a nuestro alrededor y en nuestras vidas.
  3. La de sentir que dirigimos nuestras vidasy tenemos control sobre ella.

«Enriques» y «Enriquetas» de nuestras organizaciones: ¿Cómo procuráis que vuestros colaboradores alcancen estas necesidades psicológicas básicas?

Óscar Fernández Orellana, Director de Interacción Humana

Psicólogo – Coach, formador y  Autor de Así persuaden los líderes

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