Si bien hasta hace unos años la dirección estratégica de las empresas estaba más centrada en la gestión financiera, cada vez más se impone un cambio en el foco estratégico que pasa a un modelo basado en la gestión del talento. Diversos son los factores que han tenido que confluir para llegar a este cambio de enfoque, en el que las personas y el capital humano han pasado a ser los verdaderos protagonistas de las empresas.

El nuevo paradigma digital en el que estamos inmersos, los valores de las nuevas generaciones, la convivencia de generaciones distintas y los cambios en los procesos de compra y venta, son solo algunos ejemplos de aspectos que precisarán un esfuerzo enorme por parte de las organizaciones para poder contar con un equipo y unos procesos suficientemente flexibles para lidiar con todos estos cambios, y los que vendrán.

Las empresas conviven y luchan, pues, por sobrevivir en un entorno de gran incertidumbre y competitividad a todos los niveles, la innovación se hace imprescindible. Teniendo en cuenta que la innovación se basa en la creatividad, y que la creatividad está en las personas, podemos empezar a comprender la importancia de implantar una estrategia de gestión del talento coherente con el plan estratégico, los retos y objetivos de la empresa.

Las políticas de gestión del talento contribuirán a mejorar la motivación del capital humano

Asimismo, y teniendo en cuenta el comportamiento y las tendencias del mercado de trabajo, en el que a menudo se da el fenómeno de que casi es más complicado encontrar las personas con el talento que necesitan las empresas, que conseguir el capital para emprender un nuevo proyecto, es de vital importancia trabajar en las políticas de gestión del talento, ya que éstas contribuirán a mejorar la implicación, la fidelización, el compromiso y, en definitiva, la motivación del capital humano. No se trata solo de la contratación de personas con talento, sino de gestionarlo adecuadamente para que genere talento organizativo. Algunos ejemplos claros podemos encontrarlos en el fútbol, donde un mismo jugador tiene un rendimiento superior según el equipo en el que juegue, condicionado por el entrenador (líder) y las políticas organizativas internas del equipo (políticas de Recursos Humanos).

Algunos estudios analizan el valor que aporta el talento a las empresas, o lo que vendría a ser el ROI del talento. En términos financieros, se trata de cuantificar los beneficios que aporta el talento a la empresa, es decir, qué parte de los beneficios empresariales son resultado de la intervención del talento. Algunas conclusiones reflejan que las empresas que invierten en el desarrollo de su talento obtienen una mayor retención de este, índices de satisfacción superiores y, en última instancia, empresas más competitivas. Esta cuestión no es menor, puesto que hay estudios que aseguran que el 60% de la productividad de una empresa está vinculado al talento, por lo que podríamos confirmar que los resultados de una empresa vendrán de la mano de una gestión centrada en las personas, que son las que tienen el talento que necesitan las empresas.

La dimensión de la empresa acaba siendo una ventaja competitiva, ya que permite una gestión del talento más personalizada

Con todo ello, muchas son ya las empresas que cuentan con políticas para la gestión del talento. Con frecuencia son las grandes las que disponen de mayores recursos para dedicar a estas políticas. Sin embargo, las pymes no quieren quedarse atrás, y muchas de ellas están integrando medidas para la fidelización del talento e incluso para el bienestar de las personas. Cabe destacar, en estos casos, la gran dosis de imaginación y dedicación (I+D) que hay detrás de las acciones que llevan a cabo, si bien es cierto que los resultados son mucho más visibles. La dimensión de la empresa acaba siendo una ventaja competitiva, puesto que permite una gestión del talento más personalizada. Todo ello se traduce, según las propias empresas, en una mejora en la productividad, la eficiencia y la calidad de los procesos, en la satisfacción de las personas y en el grado de cumplimiento de los objetivos, e incide en una mejora de la competitividad.

Así pues, la gestión del talento es, sin duda, el gran reto de las empresas del presente y del futuro, pero en cualquier caso es una apuesta segura y de valor.