Los “modelos de negocio de la economía colaborativa” (como los define la Comisión Europea en su reportUna Agenda Europea para la economía colaborativa’ de junio de 2016) afirman ser representantes de nuevas maneras de prestar servicios más flexibles, eficientes y sostenibles que los operadores tradicionales, mientras que sus detractores les acusan de ser una forma de economía sumergida y competencia desleal donde sus trabajadores no tienen derechos (como recientemente están acusando a plataformas tipo Deliveroo sus ciclistas que se encargan del transporte).

Partiendo de la base de que la mayoría de plataformas digitales y apps innovan, crean nuevas oportunidades empresariales y laborales y operan de forma legal (Bla, Bla, Car, Wallapop, MyTaxi, Booking, Housers, etc.) sí parece oportuno que desde este espacio reflexionemos y analicemos unas formas de colaboración (compartir gastos de transporte; alquilar una habitación por días; o realizar tareas a cambio de precio) que si bien no son nuevas, sí se han popularizado y extendido a causa de las nuevas tecnologías y la necesidad de aumentar ingresos por bienes infrautilizados tras la crisis económica. Y empezaremos este análisis por el impacto en el consumo y en los consumidores.

¿Cómo cambia el consumo colaborativo los patrones de comportamiento de los consumidores?

El consumo colaborativo está cambiando los patrones de consumo y, en particular, los de la generación de los millennials. Los consumidores pueden adquirir en propiedad bienes que antes no consumirían porque encuentran en el consumo colaborativo una forma de obtener ingresos compartiendo los bienes con otros consumidores.

Otros consumidores pueden dejar de adquirir la propiedad de determinados bienes si consideran mejor obtenerlos puntualmente a través de las plataformas de consumo colaborativo.

Y la experiencia de consumo se hace más transparente al compartir los usuarios su experiencia con otros usuarios, lo que condiciona la forma en la que se emplean los bienes y servicios que se ponen a disposición de la plataforma de consumo colaborativo.

¿Cómo será la relación entre el consumo colaborativo y los negocios tradicionales?

De momento se están planteando conflictos jurídicos entre ambos en algunos sectores como el transporte de viajeros en automóvil (sobre todo con Uber) y los alojamientos (sobre todo por la irrupción de Airbnb).

Lo que sí sabemos es que el consumo colaborativo ha crecido mucho y hay elementos que ha traído el consumo colaborativo que han llegado para quedarse, como el incremento de este tipo de intercambios, el mayor interés de los consumidores más jóvenes, el uso de las nuevas tecnologías, la importancia de la experiencia del consumidor, la llegada de una mayor transparencia en torno a esa experiencia.

Pero las formas tradicionales de consumo aportan todavía cuantiosas ventajas. Las empresas tradicionales pueden ayudar a crear mercados siendo un oferente para los demandantes y un demandante para los oferentes, aportan mucha información profesional y atienden a regulaciones específicas.

La economía colaborativa o consumo colaborativo quiere cambiar el mundo

Compartir, prestar, alquilar son verbos que se expanden con una fuerza nunca vista por la economía mundial. Surgen miles de plataformas electrónicas que los emplean. Y aunque queda tarea pendiente —regular ciertas aplicaciones, para evitar que engorden la economía sumergida, y mejorar los derechos de los consumidores—, el éxito de esta forma de consumir revela una sociedad que quiere cambiar la manera en que vive. Debemos estar preparados.