La comunicación corporativa es algo fundamental para las empresas cuando se quiere dar a conocer la marca y sus productos o servicios. Para que el mensaje que se quiere transmitir llegue de una manera eficiente y productiva, hay que saber utilizar las herramientas y los canales disponibles y, sobre todo, es necesario adaptar y orientar los mensajes que queremos transmitir a nuestros clientes potenciales o target, que debe identificarse previamente.

La identificación del target: a quién nos queremos dirigir
El público potencial de una empresa puede ser muy amplio o muy concreto, esto depende de varios factores como el sector al que pertenece la compañía, la época del año, la localización donde se encuentra, los productos que ofrece, etc. Según todos estos factores, cada empresa tiene que identificar qué personas de la sociedad son sus compradores potenciales para crear una estrategia de comunicación que sea adecuada para sus intereses. El objetivo de esta táctica será atraer al target para conseguir un aumento de ventas o, al menos, darse a conocer ante posibles clientes.

Una vez se ha identificado el público al que una empresa quiere dirigirse, solo hay que orientar el mensaje y hacerlo llegar por los canales más visibles, aquellos de los que más uso hagan estas personas. Si una empresa ofrece diferentes productos o servicios, su público potencial puede llegar a ser diferente en cada caso, como también lo son los canales o las herramientas con las que se comunican.

La importancia de orientar el mensaje a los clientes potenciales
Es esencial tener en cuenta la manera en que comunicamos para conseguir que el mensaje llegue de una forma clara, efectiva y sencilla al máximo número de personas posibles que componen nuestro público objetivo.

Los mensajes que transmitimos siempre tienen que sumar, en ningún caso deben restar. Si un empresario da una información contradictoria o que no se interpreta bien, es mejor que no la dé. Solo se debe comunicar cuando se tiene algo que decir y se debe hacer con mensajes claros y cortos, sin demasiada literatura. El objetivo es que todo el mundo entienda lo que estamos comunicando. Tienen que ser mensajes persuasivos y atractivos para nuestro target. Por ejemplo, no lo diremos del mismo modo si nos dirigimos al colectivo de los millenialsque si nos dirigimos a mujeres de entre 40 y 60 años.

El momento en el que comunicamos es una cuestión de sentido común. Del mismo modo que no enviaremos un correo electrónico o publicaremos un tuit a las 4 de la madrugada porque no lo verá tanta gente como si lo publicamos por la mañana, buscaremos siempre un momento adecuado para conseguir la máxima repercusión. Asimismo, las empresas pueden aprovechar temas de actualidad relacionados con sus productos para tener más visibilidad.

Los canales para comunicarse con cada target son varios: redes sociales, páginas web, blogs, mailing y, en algunos casos, medios de comunicación (participaciones o publicidad). Hay que escoger bien los canales para tener la máxima repercusión posible. Compartir contenidos de la página web o hacer posts en las redes sociales es una de las formas más prácticas de hacer comunicación corporativa porque no comporta problemas de protección de datos, su uso es gratuito y su alcance es innegable.