Las empresas familiares han alcanzado un nivel récord de confianza y ocho de cada diez auguran una evolución económica positiva en los próximos 12 meses. Estas cifras, recogidas por el Séptimo Barómetro de la Empresa Familiar que elabora la consultora KPMG, suponen un salto en el optimismo de los patronos respecto a la evolución de los últimos años. En el 2013, solo el 42% pronosticaban una evolución positiva. Luego se pasó al 64% en el 2014 y al 79% en el 2015, para bajar al 70% el año pasado.

Esta nueva proporción se funda en razones muy concretas. Las cuentas de resultados han mejorado sensiblemente en una amplia mayoría de las empresas. Una creciente prosperidad en los negocios que se refleja en la contratación de personal, que registra una ligera caída respecto a años anteriores, pero que muestra una tendencia que se consolida. El capítulo más revelador es el que se refiere a la inversión, con una amplia mayoría de empresarios que aseguran tener planes sobre este capítulo. La tasa de crecimiento está en torno al 3%, la misma que la de consumo de los hogares.

En este capítulo resaltaremos que el dato novedoso en las inversiones no solo es el volumen sino la calidad de estas. La empresa familiar focaliza sus esfuerzos en mejorar la rentabilidad y por este motivo está respondiendo al reto de la innovación. Se trata de inversiones estratégicas que se han realizado principalmente en operaciones de su día a día más que a través de departamentos separados de I+D+i, que en su gran mayoría tienen una estructura y recursos limitados.

Innovación transversal

La mejora de productos y procesos viene marcada por la alta competitividad en el mercado, lo que obliga a las empresas a transformarse de forma continua para poder alargar su longevidad al paso de las nuevas generaciones. La innovación es palpable en todos sus departamentos de forma transversal.

Por este motivo, identificar su actividad de I+d+i no es una tarea fácil, pero de obligado cumplimiento si quieren aprovechar una de las mejores deducciones fiscales existentes en Europa, las deducciones a la I+D+i. Esta deducción, aplicable directamente en el impuesto de sociedades, permite amortiguar la inversión en innovación de producto y servicios.

Las buenas perspectivas que tienen estas empresas constituyen una buena noticia, gracias a su importancia en el tejido empresarial. Aunque de todos modos, aconsejamos no pecar de exceso de optimismo. Según la información que recibimos de los mercados, se avecinan tiempos de cambios y las empresas familiares que hayan incorporado la innovación en la estrategia de futuro serán, con gran probabilidad, las que obtendrán grandes éxitos.