En un entorno de cambios constantes y de gran trascendencia, protagonizados, entre otros, por fenómenos como la transformación digital, la formación y la creación y transferencia de conocimiento se convierten en elementos fundamentales, y aquí el rol de la Universidad debe ser determinante. Tal y como se expresa en el documento Barcelona y Universidad: un objetivo común, aprobado, a iniciativa del Consejo Asesor Municipal de Universidades, por el pleno del Ayuntamiento de Barcelona (2016), el papel de las universidades, centros generadores de conocimiento por excelencia, debe ser primordial en este aspecto como agentes activos de cambio social, económico y cultural y por su responsabilidad para con la sociedad en la que desarrollan sus actividades.

Con este fin, la Universidad debe incorporar y potenciar nuevos elementos que le permitan una mayor capacidad de adaptación al cambio y convertirse en relevante ante los nuevos retos económicos y sociales.

En este sentido, desde PIMEC creemos oportuno explorar los vínculos de conexión y cooperación entre el mundo universitario y el empresarial, a fin de que una Universidad más ajustada a las necesidades de la sociedad de su entorno sea una realidad. Con este objetivo, creemos que la Universidad debe focalizar sus actuaciones en torno a las siguientes prioridades:

  • La Universidad debe ser un agente activo en el incremento del desarrollo y la competitividad empresarial, adaptando sus actuaciones no solo a grandes empresas, sino también a las pymes, que representan el 99,8% del tejido productivo del país, generan el 75% del empleo y representan el 65% del PIB catalán.
  • Hacer visible a la sociedad el valor añadido de la Universidad. Para la sociedad en general, la Universidad es vista como una extensión de la etapa de la Educación Secundaria orientada a la emisión de títulos, por lo que se encuentra ante el reto de comunicar, mediante más canales, los proyectos de investigación y, sobre todo, de potenciar la transferencia de conocimiento al servicio de la sociedad.
  • La Universidad debe rehuir una gestión endogámica, para orientar sus actuaciones a las necesidades y prioridades de su entorno. El dimensionamiento que muchas universidades han experimentado ha comportado una gestión más centrada en la propia competitividad interna, por lo que es necesario hacer un cambio de enfoque y establecer canales de colaboración, intensificando la participación con las entidades del entorno social y empresarial del territorio.
  • Conferir un mayor reconocimiento y priorización a la actividad de transferencia de conocimiento en el sistema universitario. La dedicación del profesorado se encuentra actualmente centrada mayoritariamente en las funciones propias de las actividades de docencia y de investigación, en detrimento de la transferencia, que, como tercera misión, representa una parte demasiado modesta del sistema teniendo en cuenta la relevancia y el valor añadido que aporta.

Centrándonos en el valor añadido que la Universidad debe aportar a la sociedad, y más concretamente a las persones y al tejido empresarial de su territorio, debería poner el foco en los dos retos siguientes:

  • Cualificar y recualificar a las personas para que tengan la preparación adecuada para adaptarse y dar respuesta a las necesidades del mercado de trabajo.
  • Fomentar la transferencia de conocimiento y tecnología del ámbito universitario a los sectores productivos, potenciando así la innovación productiva, la competitividad y el crecimiento industrial.

La Universidad debe asumir, pues, su rol como agente de desarrollo e innovación.