La sucesión es un de los elementos clave para la continuidad del proyecto empresarial. Si hacemos un poco de historia, en el mundo del fútbol existe un consenso generalizado en destacar el FC Barcelona entrenado por Pep Guardiola como uno de los mejores equipos de la historia. Y suele recordarse la final de la Liga de Campeones de 2011, ante el Manchester United, como su partido paradigmático. Ese día jugaron en el equipo blaugrana 8 jugadores formados en La Masia (Guardiola al margen). Todo un éxito al tratarse de una final de Champions.

Lógicamente, ese equipo no se creó de un día para otro. El logro empezó a gestarse años atrás –difícil marcar un principio–, pero sí parece una evidencia que los futbolistas que jugaron en Wembley fueron preparados y entrenados para, algún día, estar en disposición de alcanzar el máximo nivel, fuera el que fuera. Para ofrecer, así, el mejor relevo posible a sus antecesores.

Algo parecido –salvando las distancias– ocurre en el mundo de la empresa familiar: es imprescindible preparar a las nuevas generaciones para que puedan ser buenos empresarios. No hay una receta que asegure el éxito, pero sí hay muchas experiencias y muchos casos que han demostrado que determinadas prácticas y formas de actuar a la hora de abordar la sucesión hacen que la probabilidad de éxito sea mayor.

De hecho, la sucesión en la empresa familiar es, sin lugar a dudas, un elemento clave para la continuidad del proyecto empresarial. De su trascendencia da muestra el hecho de que quizás sea este el asunto que más atención despierta entre los investigadores de la empresa familiar y el que mayor y más variada bibliografía ha producido en los últimos años.

Lo mejor es planificar

Una vez que se asume que se va a producir una sucesión, lo mejor es planificarla. De esa manera, se evitan los traumas, tanto para el que deja el puesto como para el que llega; se elige el momento más adecuado, evitando imprevistos; y se busca la mejor manera de conservar el patrimonio.

La planificación debe reflejar el calendario, los objetivos (quién va a asumir cada cargo y cada responsabilidad), los posibles obstáculos, y los pasos que habrá que seguir. Una vez planificado, y llegado el momento, toca empezar a prepararlo. Se trata de una fase de tránsito, en el que hay que llevar a cabo todas las acciones previstas en la planificación.

Entre otras prácticas, debería de existir un periodo de convivencia en la empresa, donde se preparen los sucesores con el apoyo del empresario. En este sentido, organizar la sucesión con tiempo facilita que el empresario pueda tutelar el proceso, apoyar a los sucesores y corregir aspectos si se evidencia que no funciona como se esperaba.

Equipo experto en empresa familiar

La elección del líder es clave en cualquier proceso sucesorio, pero a la vez hay que pensar en la estructura y reparto de roles más adecuada para el negocio y la familia.

La experiencia ha demostrado que es un proceso complejo que, sin un externo independiente, es difícil llevar a cabo por la diversidad de materias que entran en juego. Hay un abanico de aspectos que hay que analizar desde distintas ópticas que requieren un conocimiento técnico que no es el que requiere el día a día de las empresas. Es necesario contar, también, con un equipo experto en empresa familiar, no es sólo una cuestión jurídica o fiscal.

Un experto aporta claridad y agilidad en el proceso gracias a la metodología y experiencia. También sirve para facilitar la mediación y asegurar que todos participan: al abordar temas en los que entran en juego intereses y circunstancias de un conjunto de personas, es fundamental contar con una figura independiente que actúe como mediador, ya que favorece el entendimiento y suaviza la tensión cuando es necesario.

La planificación y la presencia de un experto independiente son aspectos clave del proceso sucesorio; pero hay otros muchos apartados relevantes que pueden convertirlo en un éxito o en un fracaso.

Lo iremos viendo a lo largo de las próximas semanas.