En toda organización, lograr una comunicación efectiva es clave para alcanzar los objetivos propuestos. Sólo a través de una óptima comunicación podemos coordinar el trabajo y los equipos, transmitir la información adecuada, y hacer llegar a los que nos rodean nuestras aportaciones y sugerencias.

Quizás una de las actitudes que requiere más entrenamiento para mejorar la capacidad de escuchar es ponernos en la perspectiva de nuestro interlocutor para poder entender qué nos está transmitiendo con su mensaje.

Debemos escuchar sin distracciones y con empatía. Para ello, tendremos siempre presente que cada uno es libre de tener su opinión, y que ésta sea diferente a la nuestra. La capacidad para escuchar no significa aceptar lo dicho o incluso aceptar la persona. Significa sólo escuchar y para escuchar a alguien hay que tener la mente abierta, mantener nuestro ego a raya y demostrar que vale la pena conversar con nosotros.

Si queremos conseguir una comunicación efectiva y una capacidad de escucha activa hay que ser paciente, escuchando primero y tomando decisiones después, así como también intentaremos no interrumpir constantemente.

No escucha más atentamente quien interrumpe nuestra argumentación o nos hace terminar antes de lo previsto con frases como “Sí, ya sé lo que me vas a decir …”. Hay que escuchar pacientemente y luego pensar las respuestas, propuestas o conclusiones que sean oportunas

Otro aspecto muy importante en la capacidad para escuchar, es la necesidad de hacer preguntas a la persona que nos está hablando para entender qué es exactamente lo que estamos escuchando. Pueden ser preguntas indagatorias, aclaratorias o de confirmación, pero todas ellas deben tener el denominador común del interés para comprender bien el mensaje. En ocasiones, la escucha efectiva se refiere a la habilidad no sólo de escuchar lo que la persona está expresando mediante palabras, sino también de intuir las ideas o pensamientos subyacentes a lo que está diciendo.

Muchos profesionales realizan escuchas de forma selectiva. Los prejuicios, en estos casos, no ayudan en nada. Hay que separar lo que se está diciendo de quien lo está diciendo, y escuchar las argumentaciones hasta el final, incluso cuando la información se vuelva negativa o deje de ser agradable. En estos casos, no es necesario reaccionar impulsivamente, sino seguir escuchando, asintiendo o realizando las preguntas que consideremos oportunas, sin hacer caso de la tendencia a intentar devolver el golpe verbal.

Hay signos que indican que una persona nos está escuchando atentamente y otros que nos demuestran todo lo contrario: Un ceño fruncido, una mirada fija, un movimiento constante de la pierna, golpear los dedos contra la mesa o mostrarse impaciente o ocupado, es un lenguaje no verbal que puede demostrar que nuestro interlocutor nos está oyendo, pero no está escuchando lo que decimos. Debemos tratar de eliminar estos gestos cuando estamos escuchando.

La comunicación es vital para el funcionamiento de cualquier organización. Si observamos que estamos fallando en nuestra capacidad de escucha o que nuestros equipos de trabajo no tienen desarrollada esta habilidad, lo mejor es poner soluciones cuanto antes y aprender a potenciar una capacidad de la que todos podemos sacar provecho, tanto a nivel profesional como personal.

Saber escuchar es darnos la oportunidad de mejorar la productividad, el rendimiento, la gestión del tiempo, la integración de los grupos de trabajo, el desarrollo de las habilidades de liderazgo y la creatividad, entre otros aspectos

Escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar. Todos deberíamos saber escuchar, pero pocas personas tienen desarrollada esta capacidad. Quizás es el momento de aprender a hacerlo.